Suecos, allá ellos

octubre 10, 2008

Habría que rebajar de categoría al Premio Nobel de Literatura. Seguro, es importante, pero no tanto. Probablemente a la Academia Sueca no le interesa encontrar al mejor escritor del  mundo. ¿Qué le interesa? Quiere encontrar a esos escritores que al mismo tiempo sean capaces de dialogar con Europa y Africa o Latinoamérica. Cronistas de un mundo en crisis. Novelistas (¿sociales?) de una planeta en que las culturas centrales y metropolitanas (el Imperio y los bárbaros) vienen enfrentándose en una lucha sangrienta. Andan tras los defensores de las minorías, los traductores de los márgenes y los retratistas de las diferencias. Los suecos quieren básicamente hacer declaraciones políticas.

Y en ese pronunciamiento hay al menos algo que quedó claro este año: Estados Unidos queda al margen. Están castigados. Fue demasiado categórico el secretario general de la academia, Horace Engdhal: “EEUU es demasiado insular. No traducen lo suficiente y no participan en el gran diálogo de la literatura. Ese tipo de ignorancia los limita. Son demasiado sensibles a las modas de su cultura de masas”. Está bien. Allá ellos.

Tampoco es tan descabellado como estrategia: vetar a los escritores estadounidenses del premio literario más importante del mundo para contrarrestar el salvaje avance del imperialismo cultural de EEUU en el planeta. En Guardian lo decía un columnista hablando de Inglaterra: la cultura americana se ha vuelto peligrosamente grande. Todo está americanizado. Lo repito por lo obvio: Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos. Me gusta Philip Roth, pero entregarle el Nobel significaría algo que los suecos no quieren: que el retrato de su país se hiciera aún más popular (Acaso no basta con las películas). Y ellos saben: cualquiera puede caer rendido ante Roth. Sería un best seller instantáneo y las esquinas de Newark quedarían grabadas -como imágenes en granito, imborrables, símbolo de la gran literatura- en las cabezas de, literalmente, medio mundo. Mucho menos personas, muchísimas menos, llegarían alguna vez a echarle un vistazo a las páginas de los libros del francés Jean-Marie Gustave Le Clézio, el flamante Nobel 2008, y grabarse en la cabeza (¿conocer?) la Africa colonial y la Latinoamérica indigenista de la que nos habla (Más le vale a Le Clézio ir más allá de los lugares comunes).

No he leído a Le Clézio. Dudo que sea mal escritor. Los suecos no premian a malos escritores. Premian a pasados de moda, a políticamente correctos y desconocidos, pero no a malos escritores. No sé a quién deberían haber premiado en vez de él. Prefiero a Vargas Llosa. Tiendo a pensar que se lo merece más, pero estoy haciendo un cálculo literario que la Academia Sueca no le importa demasiado. Vargas Llosa no es lo suficientemente de izquierda y es demasiado poco europeo. Es un buen escritor, seguro, pero de esos hay varios. Muchos esperaron hasta morir y jamás recibieron el llamado.

Es hora de quitarle la gravedad al Nobel. Es la agenda de los suecos. Allá ellos.

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One Response to “Suecos, allá ellos”


  1. […] e inglés). ¿Se merece el Nobel? No estoy seguro. No creo. Tampoco creo que Dylan se lo merezca (¿Qué importa Nobel?). Por conservador que suene, dudo que en la música se produzca mejor literatura que en los libros. […]


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