Chilenos y poetas, 2008

diciembre 23, 2008

zuritaNo leí toda la poesía chilena publicada este año, pero algo leí. Si no fuera por las reediciones, sería un año irregular. Más bien aburrido. Que ganara Barquero el Nacional de Literatura sólo demuestra lo anticuado de la oficialidad poética en Chile.

1. La UDP aportó con cuatro rescates: Escritura de Raimundo Contreras, de Pablo de Rokha; Poemas Articos, de Vicente Huidobro; Poesía de Paso, de Enrique Lihn, y El Cansador Intrabajable, de Claudio Bertoni. Son libros increíbles en sus diferentes modos, pero que dijeron lo suyo hace demasiados años.

2. Debió tener más aplausos el enorme volumen crítico que publicó Cuarto Propio con toda la obra de Winett de Rokha, El Valle Pierde su Atmósfera. O Aguas Servidas, el libro que publicó Carlos Cociña a inicios de los 80 y ahora rescató Ediciones del Temple.

3. José Angel Cuevas publicó por fin Album del ex Chile, pero no se trata de un libro de poesía sino de un recorrido en imágenes por la UP. No es lo que espero de Cuevas: espero ese libro que termine de situarlo como el poeta político de la derrota, el libro que haga inevitable su fama (¿fama?).

4. Mientras se instalaba en Chile después de más 30 años en Iowa, Oscar Hanh lanzó Pena de Vida, nada sorprendente en su bibliografía, pero un registro honesto de la soledad y el envejecimiento (“Tengo que recoger mis escombros/ darles la forma humana que tenían/ y seguir adelante”).

5.  El viejo Uribe lanzó Idem y adelantó que cerraba el negocio: deja la poesía. Supongo que cree que eso apura la llegada de la muerte. Se arrepentirá.

6.  A falta de ese tercer libro de poemas, apareció un volumen de conversacines con Diego Maquieira. Give me a Break, de Patricio Hidalgo y Martín Hopenhayn, es sorprendente. “Yo soy peso gallo, Huidobro peso pesado, Neruda peso pesado, Parra, peso mediano, Nicolás Guillén, peso mediano; Uribe también peso gallo; peso pluma es Paulo de Jolly; y peso mosca el Chico Molina”, dice en un chispazo Maquieira, por momentos el mejor lector de poesía chilena.

7. Quizá no debió pasar tan inadvertido el libro [guión], de Héctor Hernández Montecinos: reúne los tres primeros volumenes del cabecilla de los Novísimos y aglutina su propuesta delirante y verborreica. Tiene arrojo, pero es excesivo y le sobran demasiadas páginas. A Mi Hijo Down, de Pablo Paredes -otro de los jovencitos-, en cambio le falta arrojo. Le falta verdad. Espero para el año que viene Mistrala, el nuevo libro de otro de la nueva camada, Diego Ramírez.

8. También 2008 fue el año en que volvió Gabriela Mistral. Resguardados en la Biblioteca Nacional las toneladas de papeles que dejó en EEUU al morir, Luis Vargas Saavedra editó Almácigo: poemas inéditos de la Mistral. Aunque en teoría se trata de una noticia radical, el efecto fue mínimo.  Por supuesto, el libro demanda varias lecturas… O ¿no? ¿Estamos hartos de Mistral? ¿Alguna vez no interesó Mistral? ¿Alguien lee a Mistral?

9. Como sea, para mí el mejor libro de poesía chilena del 2008 es In Memoriam, de Raúl Zurita. Es la tercera entrega (antes fueron Los Países Muertos y Las ciudades de agua) de ese proyecto egocéntrico y potente llamado simplemente Zurita. Escribí esto para el número de fin de año Cultura. Se llama La poesía soy yo.

Hace 30 años, Raúl Zurita se presentó exhibiendo pruebas clínicas. En su primer libro no sólo incluyó -y alteró- el certificado que lo diagnosticaba con una “psicosis de tipo epiléptico”; también nos permitió echar una mirada a su cerebro a través de parte de un electroencefalograma. El arrojo y la intensidad de Purgatorio (1979) persisten intactos, pero la experiencia de leer a Zurita versión 2008 es más inquietante. Más desgarradora. Más furiosa. Más cruel. Mucho más triste. El libro se llama In Memoriam, no adjunta documentos y es pura biografía. “Han bombardeado La Moneda”, anota en la primera línea para echar a andar un responso que recorrerá su vida. Su padre muerto, su madre, sus mujeres, sus hijos y amigos se le aparecen -“pequeños tipos rotos en un país roto”- cobrando viejas cuentas.
Esto es una no ficción poética y
Zurita, con brutal y desvergonzada honestidad, no esquiva nada: ni sus andanzas con el CADA, ni su relación con Diamela Eltit, ni la basura que recibió al ganar el Premio Nacional. Pero la sinceridad – “Yo en cada letra cago/ sangre ¿me entiendes?”- cruza lo privado: Zurita echa mano a los escombros de su vida para levantar un lamento que empapa todo el paisaje. Como uno de los tantos prisioneros de la dictadura, transita al borde de la locura por un país desmembrado. El efecto es total: las playas, el desierto, la cordillera, todo Chile late dolorido por los desaparecidos. Grandilocuente y mesiánico, In Memoriam prueba la estatura deZurita (“la poesía soy yo”, pareciera decir) e interroga a toda la poesía chilena hoy en producción. La arrincona y la desafía.

(La foto salió de acá)


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3 Responses to “Chilenos y poetas, 2008”


  1. […] – Sobre In Memoriam ya escribí: La poesía soy yo. […]

  2. Sergio Says:

    roberto:
    Hola, interesante blog. Me pregunto si leíste Machina, mi segundo libro, editado a fines de 2007, pero que terminó apareciendo a comeinzos de 2008.
    saludos

  3. daniela vega Says:

    su pagina es loser y estupida


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