Sinopsis 2009

enero 23, 2009

197457331_de7e3fc40bMe da por creer que el 2009 la literatura chilena estará cargada a la realidad. Es un error. Siempre pasa. Pero descartando esa idea, me quedo sin ningún calificativo para decir cómo viene lo que viene… Como sea, aquí una sinopsis. Mezquina.

Exit, de Gonzalo Muñoz. Publicado originalmente en 1981, este libro tiene un aura legendaria. Apareció bajo la nominal editorial de Juan Luis Martínez, Archivo, y su autor es dificil de pillar. Está en México entiendo. La UDP, que reedita el libro, promete conseguir que Muñoz esté en Chile -o al menos sea ubicable en un teléfono- en marzo cuando llegue a librerías. Nunca lo he leído, pero dicen que es de aquellos títulos claves para la escena poética de los 80. La gente que lo dice es confiable.

Missing, de Alberto Fuguet. Alfaguara confía en publicar por fin este libro en el segundo semestre. Es un viejo proyecto de Fuguet: en 2002 escribió un artículo en Etiqueta Negra sobre su tío Carlos, quien se “esfumó de la faz de la tierra” a fines de los 80 en Baltimore, Estados Unidos. Al menos, su familia nunca más supo de él. ¿Se murió? ¿Se escapó? Fuguet decidió buscarlo. Y parece que lo encontró. El libro se llama Missing y es una no ficción en toda regla.

Gran Dios Salvaje, de César Farah. Alguna vez vocalista de Santa Barrio, ahora Farah pelea en el ring literario. Vía Cuarto Propio el 2007 publicóTrilogía Karaoke, el que me perdí. Supe tarde que existía. Para este año tiene una novela ambiciosa, enorme … No he podido entener de qué se trata, pero es una de las apuestas de Carlos Labbé (editando en Planeta) de la camada chilena de Emecé.

La Deuda, de Rafael Gumucio. Comparto la idea de que el mejor libro de Gumucio es Memorias Prematuras. Y que mejor que novelista, es cronista. Supongo que si eso es cierto, su nueva novela puede estar entre la buenas: está ligeramente inspirada en el caso de Luis Cajas, el contador de las estrellas (el que estafó al Rumpy, a Cristián Galaz y Paulina Nin de Cardona). La publica Mondadori.

El Fotógrafo de Dios, de Marcelo Simonetti. Iba a salir el año pasado, pero se atrasó. El periodista Simonetti no pudo resistirse a la increíble historia del fotógrafo Sergio Larraín (ex Magnum, retratista de la mafia italiana, ahora ermitaño en el Valle del Limarí) y su nueva novela arranca desde ahí. La ficción va más o menos así: alguien lo quiere encontrar y saber si es verdad que le sacó una foto a Dios. Vía Norma. Marzo.

La Segunda Mano, de Germán Marín. La tía de Marín es una señora viuda que dice poder comunicarse con los muertos. Como vidente, por años ha mantenido contacto con su hijo fallecido poco antes del golpe de 1973. Ahí entra Marín: ese relato sombrio es su nueva novela. Miguel Sessa nos cuenta desde el más allá su historia como jefe de operaciones del movimiento Patria y Libertad. Como en todas las novelas de Marín, todo es cierto. Pero sobre todo es literatura.

Obras Completas II, Nicanor Parra. Durante el 2008 la Facultad de Humanidades de la U. de Chile preparó una nueva postulación al Nobel para Parra. Iba a ser en grande. Pero a última hora, se frustró. ¿Para el 2010? Como sea, en algún momento del segundo semestre se publicará el tomo dos sus obras completas. Cubre desde 1973 hasta los textos inéditos incluidos en el número especial que The Clinic le dedicó en 2004. Incluye todo. Entiendo que Ignacio Echevarría y Adán Mendez hicieron un barrido acusioso.

Cuentos, por Marcelo Lillo. Después del ruido que metió Lillo con El Fumador y Otros Relatos, su libro de cuentos es una lectura obligatoria (¿tanto?) para cualquier que quiera saber si realmente es más que una promesa. No sé nada del libro nuevo. Apenas sé que en el plan de Mondadori está fijado para salir en julio.

Poemas, diálogos, por Claudio Bertoni. En marzo Cuarto Propio lanza el nuevo libro de poemas de Claudio Bertoni. Ya sabemos qué esperar: confesiones sin heorísmos ni pompa. Cosas dichas al pasar que escritas por Bertoni toman un acogedor -tristísimo, humorístico o sexual- cariz poético. Además, dos periodistas jóvenes llevan meses hablando con él para armar un libro de entrevistas (no sé cuando sale ni quien lo publica).

Tribu No, por Cecilia Vicuña. Además de publicar un nuevo libro de poemas con Lom, Vicuña regresará a los 70 para reconstruir una leyenda: la Tribu No. Fugaces, hippies, políticos, fue un grupo literario y artístico que nació en la efervecencia de fines de los 60 y estalló durante la UP. Ahí estuvieron Vicuña y Bertoni. Se sabe poco de ellos. Entre las cosas que hicieron, fue rayar en la calles de Santiago “Lea a Henry Miller. Años después, Vicuña entró a la casa de Miller en EEUU y vio en una pared pegado un recorte de diario que ilustraba una calle chilena con el escrito. (No sé cuando sale ni quien lo publica). Soledad Bianchi cuenta muchas cosas del grupo aquí

Narrativa, por Vicente Huidobro. Uqbar Editores, ya conocidos por sus libros sobre cine, está estrenando una línea de reediciones que este año además de rescatar Explicación de todos mis tropiezos, de Oscar Bustamante, incluye tres de los cuatro volúmenes de narrativa del aviador Huidobro. Supongo que ante todo habrá que tener ojo con Mio Cid Campeador- Procreación.

Acua Alta, de Pablo Torche. Hace un par de años, cuando Torche publicó los cuentos En Compañía de Actores, lo llamé para hacerle una entrevista. Se negó. Me dijeron que era tímido y preferí creerlo. Este año, vía Emece, aparece su primera novela: un amor en una Venecia dramáticamente inundada. Torche juega a contar la misma historia en varios estilos narrativos. Quiero leerla.

Eso por ahora.

April Wheeler, heroína

enero 14, 2009

151“Siempre confié en que la gente no me imaginara muy solitaria”, dice April Wheeler bien avanzada la trama de Vía Revolucionaria, la demoledora y maravillosa novela de Richard Yates (1926-1992). Probablemente está borracha. En el bar Log Cabin la banda de Steve Kovick toca un jitterbug. Está triste, su vida ya se fue a la mierda. No hay vuelta atrás. La música ayuda un poco más a la nostalgia y recuerda sus años en el colegio. Era inocente, casi tonta, creía en un mundo de fantasía.

“Seguía con la idea de que en alguna parte existía un mundo de gente maravillosa, tan alejada de mí como los del último curso cuando yo iba en sexto; gente que lo sabía todo por instinto, que conseguía hacer lo que quería sin proponérselo siquiera, que no necesitaba sacar el mejor partido posible a un empleo aburrido porque jamás se le ocurría hacer nada si no era a la perfección. Gente dotada de heroísmo, gente hermosa e inteligente, serena y amable, y yo imaginaba que cuando los encontrara sabría de repente que mi sitio estaba entre ellos, que yo era uno de ellos, que mi destino siempre había sido formar parte de ese grupo y que todos lo demás había sido un error; y que ellos también lo sabrían. Yo sería como el patito feo entre los cisnes”, confiesa.

El problema de April -quizás el más definitivo en el momento en Yates comienza a contarnos su historia- fue creer que Frank Weelher, el hombre que le dio su apellido de casada, era una de esas personas maravillosas. Y que la pudo haber reconocido como a una de su tipo. Error: Frank puede que sea un pusilánime.  A los 30 años sigue siendo un adolescente asustadizo, que todos los días actúa de adulto. Alguna vez tuvo potencial para ir contra la corriente, creyó ser “una especie de Jean Paul Sartre ardiente y nicótico” y todos estaban seguros que si se lo proponía, habría podido lograr lo que quisiera. Pasó otra cosa: se casó con April, se compró una casa en los suburbios de Conneticutt, tuvieron dos hijos, entró a trabajar al empleo más aburrido inmaginable y dejó que su vida entrara en una rutina desesperante. En su vida no pasa nada interesante. Nada. Por extención, en la de April tampoco.

Ella es ama de casa. Pero después de actuar en una desastroza obra de teatro de la comunidad en la que ella tiene el papel protagónico, April se ilumina: su vida es la que siempre odiaron. Odia su vida. Y Frank debería odiarla también. Entonces toma las riendas y decide arriesgarse. Dejar todo, llevarse a su familia, y buscar a esa gente maravillosa que los reconocerán como uno de los suyos. Pero ya es tarde.

Vi hace hace dos días la película que San Mendes que hizo con Vía Revolucionaria (se estrena el 29 de enero en Chile con el insoportable nombre de Sólo un Sueño). Es buena. En parte porque toma una opción: la protagonista es April. En la novela también lo es, pero Yates narra la historia montado en la cabeza de Frank Wheeler y uno como lector intenta ponerse en su papel. Mendes hace otra cosa: a Frank le da el rostro infantil de Leonardo Dicaprio, quien durante todo el metraje luce como si estuviera actuando que es un hombre hecho y derecho. April, por el contrario, es interpretada por la impresionante Kate Winslet, quien le imprime al personaje una rabiosa desesperanza, la de una mujer que está absolutamente segura que de no cambiar de vida, perderá definitivamente todas las oportunidades. Como Dicaprio, se hace más evidente que Frank está cagado de miedo. La película no está mal.  Nada de mal.

En la novela, en realidad April apenas está improvisando mientras se ahoga. Y Frank de verdad es un hombre inteligente: sabe que en el plan de su esposa -en el que él tendrá tiempo para saber qué es lo que quiere hacer con su vida mientras viven en París- está lleno de fallas. No existe ese mundo maravilloso. Frank sabe, lo intuye, el frustrante y castrador estilo de vida que llevan es un callejón sin salida. Para volver atrás, hay que ser valiente, muy valiente. El no lo es. Y porque es imposible no verse reflejado, en algún nivel, en el temeroso y pusilanime de Frank, es que la novela de Yates es tan demoledora. Seguro, sucede en un suburbio de Estados Unidos de los 50, pero en cualquier parte del mundo y época -¿o será solo después del siglo XX?- cualquier joven de 20 años llega a creer que lo que viene por delante puede ser maravilloso. Pero probablemente no lo sea. Suena cursi, pero la manera en que Yates lo pone en Vía Revolucionaria lo hace sonar trágico y deprimente. Insoportable.

01Yates, en todo caso, se arriesgó. Salió todo mal. Con Vía Revolucionaria, su primera novela, logró ser aclamado por la crítica, palabras de respeto de John Cheever, quedar finalista al National Book Award, pero no tuvo muy buenas ventas. Tampoco, dice el lugar común, pudo superar esa primera y magnífica novela. En cambio, escribió otros nueve libros mientras intentaba controlar una vida que hacía agua por todos lados: se separó dos veces, arrastró un alcoholismo y terminó solo, dedicando todo lo que tenía a escribir. Murió prácticamente como un anónimo, atado a un tanque de oxigeno de un enfisema pulmonar por fumar tanto. Recién después de su muerte, en 1992, lentamente su obra llegó a situarse a la altura Cheever, su melacólico compañero en la exploración de los suburbios.

A propósito de la película de Mendes, Alfaguara reedita Vía Revolucionaria y otra de sus novelas, una perdida en español, Las Hermanas Grimes (quiero leerla ya). Todavía puede estar entre los saldos la edición de Emecé de los cuentos Once tipos de soledad. Dejó tres entrevistas a Yates: una de 1989 de Los Angeles Times, otra de 1992 de The Independent y una más antigua, fechada en invierno de 1972.

Animales pop

enero 5, 2009

animal-collectiveA mitad de 2008, Kim Deal diagnosticaba en Rock De Luxe a la música de hoy: demasiado pop. No sólo el hip hop, el indie, el punk y la electrónica suenan más pop, también el pop suena más pop. Si lo dice la bajista de Pixies, debe ser cierto.

Hay pruebas: The Rolling Stone le abrió oficialmente las puertas al mainstream (qué desprestigiada palabra) a TV on the Radio al declarar que su disco Dear Science era el mejor del año. Está muy bien, que a TVotR le abran todas las puertas, puede que sean la mejor banda de rock del planeta. Pero el gesto de la revista no es gratuito, primero el grupo neoyorkino debió suavizar sus arranques experimentales, controlar el ruido y sintonizar un estilo más radiable. Le resultó bien: nadie puede decir que por sonar más pop, TvotR dejó de facturar el disco de avanzada que todos esperamos de ellos. Otra prueba: MGMT. Quizás Oracular Spectacular sea el disco del año (para NME lo es): un debut irresistible que pese a la aura indie, es profundamente pop. O mejor: MGMT es una banda que puso 40 años de música alternativa al servicio del pop.

Incluso Animal Collective suena más pop. Un poco, no tanto. Oficialmente el 12 de enero es la fecha de lanzamiento de Merriweather Post Pavilion, su último disco, pero por lo menos hace una semana ya está dando vueltas en la web. Después de un par de escuchadas es evidente: es increíble. Como pocas veces,  hace lo posible para ajustar los 11 track al formato canción y entrega un disco donde evita las confusiones y la histeria. Atmosférico, envolvente, tribal, lejanamente folk, con guitarras irreconocibles y sobre poblado de pequeños ruidos, es una suerte de psicodelia electrónica transparente y accesible. Gana la claridad. Un punto más para el pop. Por supuesto, este es un pop experimental (Picthfork cayó rendido).

Merriweather Post Pavilion se puede bajar gracias a varias opciones en Taringa.

Bonus Track1: hace por lo menos dos meses una banda rara llamada Blind Man’s Colour hizo cover de tres canciones de Merriweather Post Pavilion. ¿Cómo tuvieron acceso a las canciones para reinterpretarlas? No sé. Se pueden escuchar aquí. (Agrego algo más: Collected Animals. Un disco con versiones de todas las canciones de Merriweather Post Pavilion que se puede descargar íntegro desde el blog de esa rara banda. Lo que es aún más raro)

Bonus Track2: vía Youtube cuatro canciones en vivo de Merriweather Post Pavilion: My Girls, Summertine clothes, Lion in a coma y Brother sport. Todas interpretadas en un sorprendente concierto en Santiago de Chile el 6 de noviembre del 2008.