Siri Hustvedt al mail

febrero 28, 2009

2941331747_e77e8daca8_bAlguna vez leí con devoción a Paul Auster. Sigo siendo fan de Leviatan y La Trilogía de Nueva York, pero después de varios libros mediocres simplemente dejé de leerlo. Demasiados autoplagios. Me insisten que Brooklyn Folies y Un Hombre en la Oscuridad valen la pena, pero después de intentar con Mr. Vertigo y Tombuctú me quedan dudas. Hace un poco más de un mes leí a su esposa, Siri Hustvedt. La primera impresión es radical: Siri puede ser mejor que Paul. Menos obvia, más profunda. La segunda impresión es menos entusiasta: Siri a veces se pasa de intelectual. Al final, lo evidente:  los libros de Auster y Hustvedt, aparte de ser escritos en un departamento de Brooklyn y ser editados en español por Anagrama, no tienen casi nada en común. Ella se ocupa de exponer procesos de crisis de largo aliento, él anda revelando misterios.

En menos de una semana leí Todo Cuanto Amé –considerada algo así como su obra maestra- y luego tomé su última novela, Elegía para un Americano. Leí rápido porque preparaba un artículo que finalmente apareció en La Tercera hace una semana. Yo también me quedo con Todo Cuanto Amé, un grueso volumen en que un hombre mayor recuerda su vida centrándose especialmente en la amistad que entabló con un pintor y su familia. De fondo, el telón es la escena artística neoyorkina de los 80 y todos, todos, son intelectuales. También lo son prácticamente todos en Elegía para un Americano, novela narrada por un psiquiatra que dispara diagnósticos de enfermedades psiquiatricas raras y a veces en extinción.

El libro tiene otra gracia, Hustvedt incluye varios pasajes de la memorias de su padre. La trama se parece un poco a lo que le sucedió a ella: Dos hijos intentan descubrir que se esconde tras una enigmática frase escrita en una carta a su fallecido padre. Secretos, memoria, crisis, traiciones, psiquiatría, 11-S, etc. Tiene lo suyo, pero también una falla difícil de soslayar: es demasiado serio. Hustvedt es muy grave. Escribe bien, seguro, pero controla a tal nivel el funcionamiento de la trama, que sus narradores son témpanos que rara vez muestran sus sentimientos. Ya sé que no vale la majadera comparación, pero Auster se toma las cosas con calma, lleva una carga más liviana, mientras Hustvedt parece empeñada en que nadie se olvide que ella es una intelectual de Nueva York.

Pero tiene algo de humor: en Elegía para un Americano se incluye a un personaje llamado Max Blaustein, un escritor obviamente inspirado en Auster. Hustvedt juega con eso de que siempre, siempre, repitan que ella es su esposa. Como sea, le hice una entrevista a Siri Hustvedt que sirvió para el artículo sobre Elegía para un Americano. Ella, nada de diva y muy simpática al mail, respondió rápido. Y terminó con un comentario contingente para mediados de enero: “Last comment: Bravo Obama!”. Aquí va íntegra la entrevista. Es un poco larga, lo sé. 

– Entiendo que esta novela surge de la muerte de su padre y la lectura de sus memorias. ¿Qué había en ese texto que la motivó a escribir Elegía para un Americano?  -Tenía pensado en escribir una novela tratando aspectos de la vida de mi padre mucho antes de muriera. Terminó sus memorias cerca del final de su vida, cuando estaba muy enfermo y moribundo, y cuando las leí me di cuenta de que quería reproducir partes de ella en la novela. Le pedí permiso y me lo dio. Estaba conciente de que las primeras experiencias de mi padre pertenecían a un mundo que desapareció. Un mundo de noruegos americanos. También quería preservar sus experiencias como soldado en la II Guerra Mundial, las cuales encuentro conmovedoras y terribles . Creo que quería salvar algo de mi padre y su mundo en este libro.

– ¿Cuántas historias verdaderas tiene el libro? ¿Su padre también tuvo secretos? – Los textos en cursiva del libro están tomados directamente de las memorias de mi padre. Algunas historias sobre los padres de Lars Davidsen (el narrador y protagonista) también están basadas en hechos reales. Sin embargo, la mayoría de la novela es completamente ficción. Todos los seres humanos tienen secretos. No encontré cartas misteriosas entre los papeles de mi padre, pero cuando una persona que amas muere, creo que hay un impulso natural a preguntarse ciertos aspectos desconocidos de esa persona. Nadie puede conocer totalmente a otra persona. La  muerte termina la relaciones vivas reales, pero eso no impide la memoria, la especulación o la meditación.

– ¿Cree que la escritura puede ser terapéutica? -He escrito ensayos autobiográficos, pero mi ficción es mucho más imaginativa que la no ficción. Yo estoy tras las verdades emocionales, libros e historias que resuenen en los lectores como verdaderos. No escribo por terapia, pero si escribo para quemar lo que escribo, lo que siento absolutamente necesario y esencial. Si esto implica tomar materiales de mi propia vida y transformarlos, lo haré, Sin embargo la escritura puede, algunas veces, tener un función terapéutica.  He dictado clases de escritura a pacientes siquiátricas en el hospital por dos años, y sucede que el acto de escribir puede crear, al menos momentáneamente, un sentido de cohesión y concentración, como también sentimientos de posesión de las palabras escritas, lo que tiene beneficios para personas que sufren de diversos dolores emocionales.

– ¿Por qué decidió que el personaje de Erik fuese el narrador? ¿Qué ventaja le dio que fuera un hombre?- La novela es una exploración psicológica de la memoria y sus fantasmas, de lo dicho y de lo callado, de una generación atrapando a la siguiente. Erik es siquiatra sicoanalista, una persona que entra en estos temas a través de su trabajo, lo que lo hace más indicado para articular este material para el, pero no necesariamente capacitado para escapar. Como estaba ocupando textos de mi propio padre, quise evitar mi propio punto de vista, para encontrar otra perspectiva y escribir como un hijo en vez de una hija. Esto me dio una gran libertad y, de una extraña forma, una honestidad emocional, no porque los hombres sean más honestos que las mujeres, sino porque al adoptar una posición diferente a la mía, pude ver aquello para que podría haber estado ciega.

– Los hijos de Lars Davidsen encuentran secretos en sus papeles, mientras una reportera descubre los secretos del esposo de Inga, un escritor. ¿Todos escondemos algo? ¿Es la escritura, la literatura, una forma de cifrar secretos? – Los secretos son centrales en la historia. Lo son mucho más que la historias particulares que revelan. Ni Inga, Erik o la periodista descubren nada increíble. Incluso, en un momento Inga le dice a Eric que han descubierto la historia equivocada. Incluso cuando el secreto de Lisa es revelado, no se descubre el misterio de su padre. Ese enigma está en otra arte. El verdadero secreto son las confusas realidades de lo que significa ser humano.

– Más allá de los secretos, ¿la novela es un retrato del funcionamiento de la memoria? -La memoria es un tema recurrente: memoria autobiográfica, traumática y recuerdos reprimidos, como también el hecho de que la memoria es creativa, una reconstrucción de lo que pasa en narrado desde fragmentos recolectados, más que desde específicas realidades. La memoria traumática parece funcionar de forma diferente que la autobiográfica, parece existir en otra forma, no como historia, sino como pedazos de una historia desintegrada. Parte de la sanación, proviene de contar la historia.

– La hermana de Erik y su hija aún no se recuperan de la visión del desplome de las Torres Gemelas. ¿En ella está representada toda la sociedad de Nueva York? ¿Por qué incluyó esa imagen? – Ningún escritor puede situar una novela en Nueva York en 2003 y no instalar la pregunta sobre el 9/11 y los efectos en quienes viven allí. Al mismo tiempo, no soy fetichista sobre el 9/11. Es uno de las tantas experiencias traumáticas del libro, no la única, Lars Davidsen sufrió en su niñez durante la depresión, así como sobre lo que vio como soldado en Filipinas. Algunos de los pacientes de Erik también han sido afectados por eventos sobre los cuales no tienen control. Dicho eso, el 9/11 sigue siendo una herida abierta en la ciudad. Además, la respuesta de la administración de Bush al ataque cambió la vida de los ciudadanos de EEUU, y para qué hablar de los iraquíes. Cuando la invasión a Irak ocurre, Erik piensa en todas las vidas que se verán afectadas, especialmente en los niños quienes probablemente sean dañados para siempre. Inga, su hermana, escribe un libro sobre el tema. Después del atentado, los medios y el gobierno se sintieron obligados a construir desde el horror una historia heroica y patriota de los hechos. Eso de alguna forma es el tema del libro: la forma de construir una narración desde la memoria traumática

– Se dice que la Max Blaustein está inspirado en su esposo, Paul Auster. ¿Es verdad? – La personalidad de Max no puede ser más diferente que la de Paul. Aparte de su encanto, Max es “arrogante y narcisista”. Paul no, Lo que tienen en común es el hecho de que ambos son famosos escritores, y algo de los trabajos de Max están inspirados en la imaginación de Paul.

 – ¿Le molesta que prácticamente todos los artículos sobre sus libros recuerden que su esposo es Auster? -Estoy bien conciente de que de no estar casada con Paul, nadie pensaría en comparar nuestro trabajo, pero el periodismo no es la academia ni la crítica literaria… Es “noticia”. No podría esperar que los diarios y las revistas eviten un aspecto de mi vida que les parece noticioso. En cuanto a mi, ciertamente me gusta seguir con un hombre por 27 años. 


alejandro-jodorowskyTodavía no decido si le creo a Alejandro Jodorowsky. Me aburre su pose de gurú y la cháchara de la psicomagia. Está demasiado cerca de Cony Méndez. Pero el hombre tiene sus credenciales: estuvo metido en El Quebrantahuesos de Nicanor Parra, tiene una historia respetable en el mundo del cómic, creó el teatro Pánico en los 60 en México, entiendo que lee el tarot asombrosamente y, por supuesto, tiene un par de películas sorprendentes y choqueantes. Ya se sabe: El Topo impactó peligrosamente a la bohemia neoyorquina de los 70, incluyendo a John Lennon y Yoko Ono. Según Pauline Kael, con esa película  Jodorowsky “inventó algo nuevo: realización efectista mezclada con sentimentalismo contra-cultural”.

Tomo la frase del libro Zoom Back Camera!, en el que Andrea Chignoli (montajista de La Fiebre del Loco y Tony Manero, entre muchas otras)  relata la historia cinematográfica de Jodorowsky. Publicado por Uqbar Editores, corre rapidísmo: sin tanto dato técnico y lleno de anecdotas del backstage, recorre el intento grandilocuente y agotadoramente místico de Jodorowsky por cambiar el mundo a través del cine. 

 “Yo pensaba que el cine podía cambiar la mentalidad del espectador. Yo le pedía al cine lo que el cuerpo le pide al LSD: yo quería un cine que hiciera lo que el LSD le hace al cuerpo. Estoy hablando de un cine iluminado, un cine en el que el espectador entra en el teatro y cuando sale, sale cambiado”, le dijo Jodorowsky a Chignoli en una entrevista realizada en París en 2005. El diálogo está en las últimas páginas de Zoom Back Camera! y está dedicado al su gran proyecto fallido: Duna. Inspirado en el libro de Frank Herbert, Jodorowsky trabajó en los 70 armando el equipo para una superproducción que, en sus palabras, “iba a ser la conquista espacial artística”. Era gigante: Orson Welles y Dalí estaban en el elenco, Pink Floyd y Magma compondrían el soundtrack, Moebius y Giger estaban en el story board y en los diseños y Dan O’Bannon en los efectos especiales. David Carradine era el protagonista. 

Pasó que pese a tener los millones para la inversión inicial, en Hollywood no pescaron a Jodorowsky. “Necesitábamos dos mil pantallas para poder recuperar la inversión y no teníamos eso (…) Nadie en América quiso hacerlo. Entonces no pudimos llevar a cabo el proyecto”, le cuenta el director a Chignoli. Copio aquí parte de la entrevista. Para mi, retrata lo que más me gusta de Jodorowsky: su sorprendente capacidad para contar de forma creíble una historia absolutamente imposible. Si está mintiendo, lo hace con tal valentía y arrojo que no queda otra opción que creerle. 

– ¿Cuánto tiempo trabajaste en la pre producción de este film? Un año. No, dos… Estaba todo hecho… Sin embargo creo que ese guión cambió la historia del cine, ya que muchas de las ideas que allí aparecen, aparecen luego en Star Wars y en películas de ciencia ficción posteriores, ya que mi equipo de trabajo fue contratado en otras producciones, como en la de esa película de ciencia ficción en donde los robots no quieren morir, ¿cómo es que se llama? Blade RunnerEse es mi equipo. En Alien, ese es mi equipo también, Giger, Moebius, Dan O’Bannon, es la gente que yo agrupé.

– ¿Cómo convenciste a Dalí y a Orson Welles? A Orson Welles lo tuve que buscar, ya que nadie sabía dónde estaba. Se sabía que estaba muy gordo y como desaparecido de la actividad cinematográfica. Se rumoreaba que estaba en París y, como yo sabía que Orson amaba el buen comer, mandé a un asistente a llamar a todos los buenos restaurantes de París, para preguntar si Orson Welles era un comensal de alguno de esos lugares. Finalmente, nos enteramos de que frecuentaba un restaurante llamado Chez Le Loup. Fui para allá y aunque no lo encontré, vi que había una silla rota que el dueño  reservaba como un preciado objeto de decoración. Yo pregunté: “¿Y esta silla rota?” y el mozo me dijo “Orson Welles comió tanto, que su silla se rompió y ahora la guardamos como un souvenir”. welles“¿Cuándo viene él?” le pregunté. “En general viene una vez a la semana, pero no sabemos exactamente cuándo”. Así es que hice guardia en el lugar hasta que finalmente, el día jueves apareció Orson a cenar. Lo vi pedir seis botellas de vino y ocho platos. Yo quería acercarme a hablar con él, pero ¿cómo iba a hacerlo? Entonces se me ocurrió preguntarle al mozo cuál era el vino favorito de Orson y, aunque era uno muy caro, pedí una botella: “Dásela a mi nombre” le dije al mozo. Y así fue como Orson Welles me invitó a sentarme en su mesa. Una vez en confianza, le conté que quería que él hiciera el rol del Barón Harkonnen y él me contestó muy enojado: “¡De ningún modo! ¡Odio el cine! ¡El cine es una mierda! ¡Es industria y no arte!” Tenía una visión aterradora de lo que es el cine… y con razón. Pero, en ese momento, se me ocurrió una idea para convencerlo: “Mira, le dije, yo sé que no quieres hacerlo, pero yo sé que te gusta beber y comer. Yo te ofrezco, además de tu salario, contratar al chef de este restaurant para que cocine para ti durante la filmación, así podrás comer y beber a tu antojo. “Lo haré” me dijo. Ese era Orson Welles…En cuanto a Salvador Dalí, lo conocí en el hotel Meriss, un hotel de Nueva York. Fui a verlo y le ofrecí el papel del Emperador Loco de la Galaxia. Pero antes, para atraerlo hacia el proyecto, le mandé el contrato escrito en el dorso de una carta del Tarot, la carta del Colgado, que coincidentemente, era su carta favorita. Como este gesto le pareció muy surrealista y como él ya había oído hablar de mí, aceptó encontrarse conmigo en el hotel que mencioné. Pero él quería ser el actor mejor pagado de Hollywood. Me pedía cien mil dólares por hora. Entonces, inmediatamente se me ocurrió que el Emperador Loco de la Galaxia tenía un robot hiperrealista controladxo por él y de apariencia idéntica a él. Así podría contratar a Dalí sólo por una hora y para el resto de las escenas tendría al robot. Pero lo conseguí, conseguí a Dalí…Y así ocurrió con todo el mundo. Carradine, por ejemplo, me admiraba profundamente y estaba dispuesto a trabajar gratis para mí, ya que había visto El Topo, en la que se basó posteriormente la serie de Kung Fu.

-¿Tuviste la oportunidad de ensayar con los actores? No, sólo los contraté. A todos. Fui a una sesión de grabación del disco The Dark side of the Moon de Pink Floyd. Allí estaban en el estudio, comiendo unos beef steak, cuando llegué yo. Como no me pres­taron mucha atención, yo me enloquecí y empecé a gritarles: “¡Cómo es posible! ¡Les estoy ofreciendo trabajar en un film que va a cambiar a la humanidad y Uds. están aquí, tranquilamente comiendo sus beef steaks!”. Eso les gustó. Luego fueron a París a discutir los temas de plata. Estaban listos para empezar a trabajar.

-¿Llegaron a componer algo? No, porque el film nunca se hizo. Mike Oldfield iba a componer también. Y una banda francesa llamada Magma.

– Magma es una banda de culto… ¿Llegas­te a hablar con Christian Vander? Sí, vinieron a verme. Estaban muy en­tusiasmados con trabajar en esta película. Cada uno iba a componer la música para un planeta. A Magma le correspondía hacer el tema del Planeta Harkonnen… Porque era un planeta casi Nazi, una cosa furiosa…

– ¿Viste la versión de Duna dirigida por David Lynch? Primero que nada, cuando me dijeron que alguien, un productor pequeño, ha­bía comprado los derechos de Duna, yo pensé que el film nunca se haría. Luego me enteré que detrás de ese pequeño pro­ductor estaba Dino De Laurentis, ahí ya pensé; “¡Mierda, la van a hacer!” Y, final­mente, cuando me dijeron que el director era Lynch, creo que hasta me enfermé, ya que si alguien podía hacerla bien era él. Y filmó la película y cuando la estrenaron, yo no tenía ganas de ir a verla. Pero mis hijos me obligaron a ir al cine. Llegué a la sala sintiéndome terriblemente enfermo y tris­te, pero cuando empecé a ver la película me fui sintiendo cada vez mejor hasta salir del cine completamente feliz. Porque la pelí­cula era una mierda. Era un fracaso total. Yo no creo que haya sido culpa del director, creo que el productor no lo dejó actuar con libertad y ahí tienes el resultado. 

Wylie, años salvajes

febrero 9, 2009

patti-y-wylieA fines de enero de 1972, la revista británica New Musical Express anunciaba el recital poético que llevó por primera vez a Patti Smith a Londres. Todavía no se había convertido en la madrina del punk. Todavía no se metía en la música. Se confundía entre los yonkies de la bohemia neoryorkina. Iba de poeta. Recién había publicado su primer libro, Seventh Heaven. A Inglaterra llegó acompañada por Gerard Malanga, un asiduo de la Factory destinado a la leyenda: miembro clave del staff de cineastas de Andy Warhol, también fue el creador del show sadomasoquista que acompañaba a la Velvet Underground durante sus primeras tocatas (él usaba el látigo). Dicen que Jim Morrison inspiró su look en Malanga. En el recital, celebrado en un lujoso cine porno tapizado de terciopelo rojo, también estuvo el británico Victor Bockris,  quien con el tiempo se convertiría en el cronista de la época escribiendo biografías de Lou Reed, Burroughs, Blondie y la propia Smith. El cuarto poeta de la noche fue Andrew Wylie. Sí, el Chacal. El hombre que desde hace cuatro meses maneja  la obra de Roberto Bolaño.

Encontré esta foto en el maravilloso libro Por Favor, Mátame. Historia oral de punk, de Legs Mcneill y Gillian Mccain. Fue sacada la mañana del 4 de febrero de 1972, al día siguiente del recital. La tomó el futuro actor Sam Shepard -por esos días emparejado con Smith- con la cámara de Malanga (vestido de blanco en la imagen). Wylie es el que lleva boina y fuma. Recién en los 80 formaría la firma que lo convertiría en el agente literario más poderoso y temido del mundo. Ya se sabe, entre sus clientes están Philip Roth, John Cheever, Jorge Luis Borges, Salman Rushdie, Nicolas Sarkosy, Martin Amis, Susan Sontag y Bolaño. Pero en los 70, al Chacal no le interesaban los negocios. Estaba muy lejos de ser el “bussinesman” (definido así por Guillermo Schavelzon, su más cercano simil hispanoamericano) de hoy. Era un poeta. 

Para 1973, Wylie revoloteaba la bohemia neoyorkina, frecuentaba la Factory, dormía donde lo pillaba la noche y se metía drogas. En 1972 publicó su único libro de poemas, Yellows Flowers, en el que se incluían textos como I Fuck Your Ass, You Suck My Cock.  Fueron esos poemas los que recitó la noche en que Patti Smith debutó en Londres. Le fue mal. Smith se robó la noche: intensa y punk, no sólo se limitó a leer poemas, inventó uno en el momento que atrapó a la audiencia. El problema para Wylie fue que después de ella, le tocó a él. En palabras de su amigo Victor Bockris: “Finalmente salió Andrew Wylie, pero tuvo menos tiempo que el resto de nosotros, porque el propietario del cine porno  donde se celebraba el recital tenía que cerrar el local. Andrew estuvo muy presionado por la falta de tiempo. Se había dado cuenta de que Patti había sido la estrella de la noche, y una vez vista la estrella, no quieres ver nada más”.