Leyendo Netherland

abril 28, 2009

oneill

Metió ruido Netherland. De pronto, Joseph O’Neill había reunido lo mejor de Naipul y Fitzgerald en una novela ambientada en el Nueva York post 9-11 y protagonizada por imigrantes que jugaban críquet. Mezclaba lo imposible: Netherland era, al mismo tiempo, una novela post colonial y la gran novela americana del momento. James Wood, la vaca sagrada de la crítica gringa, se emocionó y dijo que era una obra maestra. Que O’Neill -un irlandés criado en Holanda que vive en el hotel Chelsea- había redescubierto Nueva York. “Stunning”, dijo la Kakutami en The New York Times. Rodrigo Fresán -entrenado profesionalmente para leer literatura estadounidense- dijo que O’Neill estaba a la altura de sus héroes: Fitzgerald, Salinger y Yates.

En marzo, El Aleph Editores publicó la novela en español. No cambió el título, pero le puso un subtítulo explicativo: El Club de Críquet de Nueva York. Dudo que llegue pronto a las librerías locales, pero gracias a una amiga que estuvo en España, yo ya tengo mi copia de Netherland. Voy apenas en la página 95, pero ya me siento amigo de Hans, el choqueado narrador holandés que se deslumbra por la energía con que el trinitense Chuck Ramkisson intenta fundar el primer club de críquet en Estados Unidos. Ya quiero jugar críquet, ser un inmigrante en Nueva York y pasar una temporada en el hotel Chelsea. No quiero que termine el libro. Tengo la esperanza que al terminarlo pueda decir con calma y seguridad que me he encontrado con la mejor novela gringa -escrita por un irlandés que creció en Holanda y vive NY- en lo que va siglo del XXI. No quiero estar de acuerdo con Zadie Smith, que la encontró convencional y cliché.

netherlandLo único que me inquieta es caer nuevamente rendido ante una novela estadounidense. No puede ser que yo, un chileno cualquiera, esté tan de acuerdo con The New Yorker. No puede ser que en los últimos años casi todos los autores que leo y me gustan sean gringos (Soy cada vez más ignorante). Ni siquiera conozco EEUU. Ya sé, O’Neill es irlandés y se crió en Holanda, pero nada de eso cambia que Netherland provenga de una matriz literaria y cultural profundamente norteamericana. O ¿sí? ¿Cambia? ¿Acaso O’Neill encontró el ángulo perfecto para entrar en la tradición estadounidense y poder retrarla por dentro? ¿Acaso O’Neill, al situarse en los bordes de la sociedad neoyorquina, al mirar Nueva York a través de los imigrantes jugadores de críquet, muestra las grietas del imperio? ¿Acaso importa?

Ya veré. Sé que seguiré pasándolo bien leyendo las 200 páginas que me quedan de Netherland. Muy bien.

J. G. Ballard, 1930-2009

abril 19, 2009

ballard

Apuesto que J.G. Ballard murió tranquilo. El tono de sus memorias, Milagros de Vida, lo anuncia. Nada de perversiones, catástrofes, accidentes, experimentos, desiertos, ni piscinas vacías. Pura luminosidad. Ballard narra ahí una historia cálida, casi tierna. Un niño crece en la surrealista Shanghai de los 30, pasa dos años de aventuras en una cárcel japonesa con su familia durante la II Guerra Mundial; en Inglaterra intenta ser médico, aviador; tras casarse, muere su esposa y él cuida a sus tres hijos en el bucólico Shepperton, bebe whisky desde la mañana; conoce Steven Spielberg, se hace famoso, etc. Parelalamente, escribe. Mira a “Inglaterra como si fuera una extraña ficción”. Y en 2006 un cáncer a la próstata se le expande por todo el cuerpo. Vive sus últimos años cenando con amigos y familiares. Escribiendo. Hoy, domingo 19 de abril, muere.

bertoni

Está por salir un nuevo libro de Claudio Bertoni. Se llama Piden Sangre por las Puras. Lo publica Cuarto Propio, su fiel editorial. Hice una nota/perfil que aparece hoy en La Tercera sobre Bertoni y su inesperada fama. Ya saben: al tipo lo saludan en la calle y sus libros venden mucho. Mucho para un poeta, claro.  Yo mismo he comprado varios. Casi todos. ¿Soy uno de los fan de Bertoni? Seguro. Creo que este -Monte Everest- es mi poema favorito:

yo no necesito energías

para subir el monte Everest

yo las necesito para quitarme los calcetines

para lavarme los dientes

para llevarme la comida a la boca

He entrevistado varias veces a Bertoni. Por teléfono, en su departamento en Santiago, en un par de cafés. Nunca en Concón. Debería ir. Esta vez lo hice vía mail. También lo vi y le hice unas diez consultas chicas por celular. También leí el libro: no es nada realmente nuevo, pero se agradece el tono siempre tan cercano de Bertoni. Esa opción por ignorar radicalmente cualquier pompa de la lírica.  Esa confianza desmedida, ciega, en la palabra escrita. Uno termina contagiado y cree, apuesta, que cualquier escena cotidiana es un poema en potencia. No, ni siquiera en potencia: la realidad es poesía. Ahora, en Piden Sangre por las Puras hay un par de textos nada de cotidianos. Me gusta este: “si no estamos / en los brazos de la muerte / no estamos en los brazos de nadie”.

Aquí van las preguntas y respuestas. Dejé intacto el estilo de Bertoni.

¿Por qué incluiste los poemas de París en Piden Sangre por las Puras? Supongo que escribiste mucho mas en Francia ¿qué criterio usaste para seleccionar estos? – La verdad es que el libro comenzó siendo esos poemas de París y después fueron agregándose los otros. El título vino al final y podría haberse llamado de cualquier manera. De hecho se llamó “Pie plano” durante un buen rato. Creo que los seleccioné pensando en la Brigitte (mi mujer en Francia) y sus alrededores y nuestro barrio y amigos. La verdad es que el criterio de fondo es siempre el mismo, que sean (que me parezcan) poemas textos buenos. Me importa bastante menos que estén anecdótica, externamente unidos. El juicio y gozo del poema esta entero dentro del poema. Personalmente -además- prefiero los libros disparejos, absurdos y arbitrarios.

– El resto de los poemas ¿cómo los escogiste para este libro? –  Creo que los mas extensos (incluído el último y de mas largo aliento: BACH) es por el hiper verso libre que los constituye y el lenguaje y la respiración y el ritmo y el ir y venir por las veredas de todas partes. Los otros, los de la muerte por ej, nacieron de los hipotéticos dadores de sangre y le fui agregando otros afines, algunos de los cuales, te habrás dado cuenta, son de Harakiri, y uno, el de Millán por ej, es de En qué quedamos.

– ¿Mi pregunta es si que une los textos de este libro? Recuerdo que Harakiri lo escribiste después de una experiencia personal algo traumática. –  Como tu mismo lo dices los de Paris están unidos precisamente por la ciudad en que los escribí, para y por quienes los escribí. Algunos de los otros, por lo que te digo mas arriba, y los demás por algo será. Si no es el tema, es el lenguaje, unos poemas por ahí no son estrictamente coloquiales, exterioristas, antipoéticos y “claros” como el resto. Y quisiera decirte algo acerca de Harakiri. Es sólo la última parte de ese libro, que es pequeñísima, la que alude a la experiencia traumática, y que me duró 5 años, que tú mencionas: es la punta del iceberg. No he publicado prácticamente nada acerca de esa experiencia. El resto de Harakiri es la vejez y la enfermedad y la muerte, que naturalmente y para mi, es cada vez peor.

– Descontando los poemas de París, veo en Piden Sangre por las Puras que se repite la idea de la muerte. La muerte como algo inevitable, empezando por el título. ¿te parece que hay algo de eso? – Por supuesto que hay algo de eso. Y por supuesto que la muerte es inevitable (aunque no le guste hasta el punto que no le gusta, a Elías Canetti por ejemplo). Y la muerte no es una idea. La muerte no es ni siquiera un sustantivo: La muerte no existe, lo que existe son muertos.

– De hecho hay varios poemas sobre muerte de escritores. ¿cómo fue tu relación con Lira, con Millán, con Bolaño? ¿Te afecta que mueran escritores? – No me afecta que mueran solamente escritores. Escribo poemas de ellos porque son mis colegas y a Teillier, Lira y Millán los conocí por ej. A Rodrigo creo que lo ví tres veces la primera vez llegó a mi casa (que era la de mi polola) con la susodicha que era compañera suya de literatura en el pedagógico me acuerdo que andaba con un suéter muy bonito color azafrán que es mi color favorito y que había comprado en la ropa usada y estuvo mucho rato hablándome de los colores de la cajetilla de unos cigarrillos que había entonces, los Advance, que se llamaban. Otra vez nos vimos en la inauguración de una colectiva de fotografías en la galería arturo edwards del instituto chileno británico de cultura. Me acuerdo que yo andaba con una escobilla de dientes con las cerdas al aire en el bolsillo de la chaqueta donde los elegantes usan una puntita de pañuelo y Rodrigo metió la mano en el bolsillo interno de la suya y me dijo “igual” blandiendo su escobilla ídem. A Millán lo conocí en los 60 donde antonio skarmeta y a bolaño desgraciadamente no lo conocí, me sorprendió que supiera que yo existía, como me enteré después de su muerte en su Entre Paréntesis. Ahí me enteré también de otros datos de su biografía que me hicieron lamentar mucho mas todavía no haberlo conocido, poetas como john giorno y frank o’hara que el leía en mexico y yo por estos lados, donde nadie sospechaba que existían. Y su amor también por Arquíloco, Lichtenberg y otras cuestiones de las que prefiero no hablar. Creo que nos habríamos reído mucho sobre todo, y de todo. Su visión, para muchos “romántica”, de la poesía, la comparto plenamente.

En 2004 cuando publicaste Harakiri, me contaste con algo de desesperación que escribías “para no perder nada”. ¿Qué tal ahora? ¿cómo escribes? ¿Cuánto escribes? – La cosa va de mal en peor. Todavía no quiero perder nada, escribo en cuadernos más que nunca y creo estar en inmejorables relaciones con mi escritura y dejé la grabadora como hace dos años, porque aunque es insuperable para guardar lo que yo quiero, es demasiado material y no sé que hacer con él, perderlo nada más, y me da no sé que, me da vergüenza que me dé no sé que, pero me da.

– Justamente después de Harakiri tu nombre empezó a hacerse conocido. Suele decirse que eres el poeta que más vende en Chile. Dicen que te vas a transformar en una especie de tótem tipo Nicanor Parra. ¿Te crees lo de la fama? – El poeta vivo que vende más en chile después de Nicanor parra, eso es lo que leí una vez por ahí. Ojalá sea cierto porque (supongo), es plata. Pedro lemebel, díaz etérovic, rivera letelier, y bolaño por supuesto, son famosos.

¿Te van a ver poeta jóvenes a Concón? – Muy pocos. En la calle eso sí, me habla increíblemente la gente (joven sobre todo). Aunque hay señoras y caballeros también. Me regalan cidís, una señora me regala guantes de lana (sin dedos), calcetines y bufandas para la pascua y cumpleaños. Es una gran dama y escribe muy bonito: sus cartas son una joya. Es gente cariñosa y me da gusto.

– ¿Vives de la literatura? No.

En los últimos años has publicado prácticamente 2 libros por año, ¿piensas seguir ese ritmo? Si me los publican, no me queda otra. Es lo único que hago, tratar de irme a la tumba con la menor cantidad de cosas inéditas. Pero el tiempo corre jolgoriosamente en mi contra y la aritmética y mis ojos y mis manos. Y está bien que así sea. Está claro que ni shakespeare es indispensable para nadie (ni siquiera para el presidente de su fun club, el chascón de Harold Bloom). Y el sol se va a apagar, remember. (o a explotar, que da lo mismo. O quita lo mismo).

(gracias por todo Claudia)

Carver vs Lish

abril 7, 2009

raymondSupe de la existencia de Gordon Lish recién hace dos años. Supe que hizo sufrir a Raymond Carver. Pero también que lo hizo famoso. La historia es conocida: arrancan los 80 y Carver, que todavía no puede soltar la botella, le entrega a editorial Knopf un volumen de cuentos titulado Beginners. El manuscrito lo toma Lish, toda una estrella de la edición en la narrativa gringa. Fue editor de ficción de la revista Esquire y por su tijera han pasado textos de Don Delillo y Richard Ford, entre muchos otros. Llegaron a decirle Captain Ficcion. Gordon empieza a leer y decide que a los cuentos de Carver le vendrían bien un par de cortes. A fines de los 90, se reveló cuánto cortó Lish: casi el 40 por ciento de los originales y cambió el final de 12 cuentos. Eran 13. Además decidió rebautizar el libro poniéndole: De qué hablamos cuando hablamos de amor.

A Carver no le gustó nada el trabajo de Lish. “Por favor detén la publicación del libro”, le escribió el escritor a su editor al borde de la desesperación. “Si llega a publicarse de la forma en que ha sido corregido, quizás nunca más pueda escribir un cuento”, agregaba. Lish no hizo caso. El libro apareció en 1981 y lanzó a la fama a un gélido y minimalista Carver. Algo muy distante al verdadero estilo de Raymond por esos años. Ejemplos: en Diles a las Mujeres que Salimos, Lish reemplazó las seis páginas finales por un párrafo de seis líneas. El cambio fue más dramático en Todavía una Cosa, donde el editor cambió radicalmente el sentido del final: donde Carver pone un “Te amo” para cerrar el cuento, Lish opta porque el protagonista quede con la mente en blanco.  Alessando Barico, que revisó los originales de Carver, cuenta detalles en un artículo sorprendente que se puede leer aquí.

En vida, el escritor nunca se refirió al tema Lish. En cambio, su última esposa ha transformado el tema en una bandera de lucha. Tess Gallagher estuvo con Carver desde 1979 hasta 1988, cuando murió a los 50 años. Lo acompañó en su mejor época: prácticamente sobrio y famoso. (Los años más duros  del escritor -alcoholizado y pobre- los cuenta su primera mujer Maryann Burk en el libro Así Fueron las Cosas). Gallagher se ha preocupado de la difusión de Carver y desde hace un par de años intenta que se publique el original de Beginners. Y lo consiguió. La semana pasada, Anagrama adelantó que el 2010 lo lanzará en español. Ya veremos si Lish tenía razón.

Dejó aquí tres preguntas hechas a Gallagher en octubre del 2007, en las que habla de los cortes de Lish.

– ¿Es cierto que Carver nunca estuvo de acuerdo con que su obra fuera calificada de minimalista? – Es verdad. Una y otra vez tenía que hacer frente a esa reducción de su trabajo. El nunca lo aceptó, porque sabía que esa impresión se había formado equivocadamente a partir de un solo libro: De qué... Ese libro tuvo una muy severa edición. Ray fue forzado a aceptalo, incluso cuando solicitó que el libro no se publicara en esa forma. Sus deseos no prevalecieron. El libro fue publicado. La consencuencia fue que ganó más respeto como estilista, que, como es tradicional, por el trabajo sobre las acciones y deseos de sus personajes a los cuales él estaba íntimamente ligado. Esta confusión sobre su trabajo lo molestó y preocupó mucho.

¿Qué representaba para Carver el libro De qué…? – Pienso que Ray sentía que era un libro con que tenía que vivir. Naturalmente disfrutó del éxito que le trajo. Pero le costó caro. Porque era tan distinto al libro que él había entregado a su editor en Knopf, creo que se sentía en una posición precaria. Durante un tiempo su única esperanza era seguir adelante y escribir y publicar una obra que restaurara su reputación como un escritor generoso con sus creaciones. No irónico, ni aspero. El no sacrificaba las historias y motivaciones íntimas de sus personajes por el estilo.

– ¿Por qué cree que es necesario publicar los cuentos de De qué… sin los cortes de Lish? – Lish no solo afectó los finales de esos cuentos, sacó maravilloso pasajes del desarrollo de la trama. A veces, con sus cortes la historia se mueve de forma más coherente hacia su conclusión, más elegante. Otra veces, al sacar los textos, Lish torcía la historia hacia una zona que se alejaba de lo que Ray creía que era importante mostrar sobre los personajes y situaciones. Los cuentos de Beginners son mucho más representativos de la escritura de Ray en ese periodo, mucho más que lo que está en De qué… Se demuestran dos cosas: 1- Ray no era minimalista. 2. Sus impulsos en la ficción son mucho más más expansivos de lo que se puede notar en De qué… Por último, incluso para un editor que se excede en sus atribuciones, Lish puede ser visto como alguien que hizo una contribución contra la voluntad de Ray y su interés en mantener control sobre su producción astística. Pero Ray sentía que ese logro de Lish había sido una violación. Nunca lo pudo decir mientras estuvo vivo. Ahora parece un buen momento para decirlo. Beginners nos permite ver con claridad qué tipo de escritor fue: por seguro, no minimalista