Cinepata actualiza

julio 29, 2009

sebastian

Yo no leí la Zona de Contacto noventera. O la leí muy poco. Las veces que la tuve en mis manos, siempre me molestaba su exceso de onda. En cambio, estuve suscrito a revista Rock & Pop durante casi toda su existencia. La esperaba ansioso, me molestaba que estuviera en kioskos antes que en mi casa y el día que llegaba era feliz. Lo primero que buscaba era la columna de Alberto Fuguet, que siempre estaba enterado de un libro o una película increíble. O algo increíble. Algo que yo no sabía ni hubiera podido saber si no fuese por él. Algo que por esos días, nadie sabía en Chile. O muy pocos. El lo sabía antes. Es su estilo: adelantarse. Por eso, yo espero que llegue el momento en que Fuguet se decida a armar su propia revista (no lo hará, ya sé). Yo estaría suscrito.

Lo que hizo fue Cinepata. Ya se sabe: un sitio de descarga gratuita de películas. Muchas, estrenos exclusivos. A fines de junio me contó del proyecto y salió una nota en La Tercera, “ingeniosa y creativamente” titulada por mi como El nuevo McOndo de Fuguet. (leála acá). El tema es que Cinepata se actualiza por estos días. Y viene bien. Además del documental Andrés Caicedo: Unos Pocos Buenos Amigos, de Luis Ospina, están disponibles películas de Ezequiel Acuña, Rodrigo Rey Rosa y Rodrigo Salinas. El newsletter dice esto:

Como un Avión Estrellado, dirigido por el argentino Ezequiel Acuña, logra contar en 80 melancólicos minutos la historia de un adolescente que vive una tragedia y le deja una pena eterna. Film ganador del festival BAFICI con protagónicos de Manuela Martelli, Ignacio Rogers y Santiago Pedrero. (año 2005; largometraje, 80 min). Un estreno absoluto para buena parte de los países de la región.
Lo que Soñó Sebastián (en la foto), es una cinta selvática y sudorosa acerca de un escritor que cree que la selva y sus habitantes son parte de la moral Greenpeace pero termina encontrándose con una realidad literalmente opuesta. Este largo, filmando en 35 mm, nos llega de Guatemala y es un estreno absoluto pues, más allá de unos festivales, este debut del aclamado escritor Rodrigo Rey Rosa (Este lugar sagrado, Caballeriza) nunca se ha estrenado comercialmente en el continente americano. La cinta está basada en la novela homónima de Rey Rosa (año 2003; largometraje, 83 min).
La Represa, una excéntrica e inclasificable, pero hilariante comedia “extremamente chilena” , logra muchas cosas menos contener las risas y la empatía del público. Al revés, este debut del caricaturista, cómico y dibujante Rodrigo Salinas está destinado a liberar energías y desatar un caudal de risas con la historia de dos indios que bajan del Cerro San Cristóbal a impedir que construyan una represa. Debut exclusivo y un deleite absoluto.

Lo último sobre Fuguet: no creo que haya escrito un mejor libro que Por Favor Rebobinar. Hasta ahora. Sospecho -infundada e inexplicablemente- que su nuevo libro, Missing (en librerías la primera semana de octubre), será increíble.

  • escaComo un avión estrellado, dirigido por el argentino Ezequiel Acuña, logra contar en 80 melancólicos minutos la historia de un adolescente que vive una tragedia y le deja una pena eterna. Film ganador del festival BAFICI con protagónicos de Manuela Martelli, Ignacio Rogers y Santiago Pedrero. (año 2005; largometraje, 80 min). Un estreno absoluto para buena parte de los países de la región.
  • Lo que soñó Sebastián, es una cinta selvática y sudorosa acerca de un escritor que cree que la selva y sus habitantes son parte de la moral Greenpeace pero termina encontrándose con una realidad literalmente opuesta. Este largo, filmando en 35 mm, nos llega de Guatemala y es un estreno absoluto pues, más allá de unos festivales, este debut del aclamado escritor Rodrigo Rey Rosa (Este lugar sagrado, Caballeriza) nunca se ha estrenado comercialmente en el continente americano. La cinta está basada en la novela homónima de Rey Rosa (año 2003; largometraje, 83 min).
  • La Represa, una excéntrica e inclasificable, pero hilariante comedia “extremamente chilena” , logra muchas cosas menos contener las risas y la empatía del público. Al revés, este debut del caricaturista, cómico y dibujante Rodrigo Salinas está destinado a liberar energías y desatar un caudal de risas con la historia de dos indios que bajan del Cerro San Cristóbal a impedir que construyan una represa. Debut exclusivo y un deleite absoluto.
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    23/2/81, según Cercas

    julio 23, 2009

    Javier CercasCuando supe que Javier Cercas iba a publicar una libro sobre el frustrado Golpe de Estado de 1981 a la recientemente recuperada democracia española, supuse que jamás llegaría a leer el libro. O sí, pero me aburriría. No me interesaría. Sería trabajo. Y claro, por momentos me perdí entre los callejones de la clase política española, pero rara vez dejé de estar interesado. Crónica política, radiografía de una escena de televisión y disección de un gesto, Anatomía de un Instante corre como el mejor artículo de Rolling Stone sobre sexo, drogas y rock & roll. Pero se trata de algo bastante más serio: el 23 de febrero, mientras en el Parlamento se elegía a a Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del gobierno español, entra un grupo de militares disparando. Vienen a tomarse el poder. Todos los presentes se tiran al suelo, menos tres: un general, un viejo comunista y Adolfo Suárez, el derrotado primer presidente que apenas pudo cargar con el primer gobierno democrático tras décadas de franquismo. Suárez ve en ese gesto desafiante y melodramático -quedarse sentado en su escaño mirando al frente mientras vuelan las balas- un pase a la historia. Lo sabe: minutos después de los hechos, le apuesta a su asesor que al día siguiente saldrá en la portada de The New York Times. Y a la mañana siguiente ahí está.

    La toma de poder del Parlamento fue grabada por la TVE y luego exhibida en la televisión abierta. Cercas relata ese momento con detallismo quijúrquico, pero por sobre todo usa la escena para escarbar en la escena política española y la transición. Es arriesgado, inteligente, atrapante; escribe escandalosamente bien. Y me hizo preguntarme por qué cresta el Golpe de Estado de 1973 en Chile no ha sido narrado realmente bien por la literatura chilena. Como sea, le hice una entrevista vía mail a Cercas. Aquí la dejo.

    – En Soldados de Salamina trataste la Guerra Civil de España y ahora en Anatomía de un Instante la transición a la democracia. ¿Por qué volver a la historia de tu país? – ¿Y por qué no hacerlo? La historia me interesa, y más la de mi propio país, porque es mi propia historia. Por otra parte, la guerra y la transición desde la dictadura a la democracia están íntimamente conectadas; de hecho -pero a esta conclusión sólo llegué al escribir este libro-, en mi opinión la guerra no terminó el 1 de abril de 1939, sino el 23 de febrero de 1981, que es el día del frustrado golpe de estado en torno al que gira Anatomía de un instante. Por lo demás, no creo que mis libros traten temas históricos; más bien creo que parten de ellos para ir hacia los asuntos que de verdad me importan: la lealtad y la traición, el coraje y la cobardía, la verdad y la mentira etc

    – A tu juicio, ¿la literatura debe tomar a la historia como tema? ¿Tiene una responsabilidad? – La literatura no tiene ninguna obligación, salvo decir la verdad; la verdad literaria, claro está, que en principio es distinta -y a veces opuesta- a la verdad de la historia. Anatomía de un Instante, sin embargo, persigue la verdad literaria a la vez que la verdad de la historia, lo que lo convierte en un libro todavía más raro que cualquiera de mis libros anteriores, un libro casi imposible, quizá porque asume el doble de responsabilidad que cualquiera de ellos: quiere responder ante sí mismo -como hacen las novelas-, pero también quiere responder ante la realidad -como hacen los libros de historia-.

    -¿Pretendías entender mejor el golpe del 23 de febrero con el libro? ¿O ver desde una perspectiva literaria, estética, un episodio de la historia? – Pretendía averiguar si es posible llegar a la verdad de la historia a través de la verdad literaria; o a la inversa. Pretendía agotar, con todos los instrumentos que tengo a mi alcance -novelescos, poéticos, históricos, filosóficos, filológicos, periodísticos- , el significado del instante al que alude el título, un instante que es quizá -pero esto tampoco lo supe hasta que terminé el libro- el instante decisivo de los últimos setenta años de mi país a la vez que uno de esos “moments of being” de los que habla Virginia Woolf y que concentran la experiencia humana.

    – ¿Cómo recuerdas el 23 de febrero de 1981? ¿Cuando viste las escenas en la televisión del golpe, qué pensaste? – La grabación de la entrada a tiro limpio de los golpistas en el Parlamento no se vio hasta el día siguiente -y, aunque no se lo crea, desde entonces no se ha vuelto a ver por entero-; lo que pensé fue lo que pensó todo el mundo y sólo acertó a decir el filósofo Julián Marías: que era la mejor película española del año (ahora, después de verla cientos de veces, pienso que es quizá la mejor película española de la historia). En cuanto a lo que recuerdo de aquel día, bueno, eso lo cuento al principio del libro, porque éste surge en parte de ese recuerdo; sobre todo, del recuerdo de la desconcertante y casi absoluta pasividad del país ante el golpe.

    – ¿Qué sucedió para que decidieras hoy, a 29 años del hecho, que el golpe podía ser una novela? Sucedió que me obsesioné con un instante, con una imagen de la grabación del golpe: la imagen del presidente del gobierno democrático sentado en su escaño mientras todos los demás diputados presentes en el Congreso se refugiaban de las balas de los golpistas tirándose al suelo. Me pregunté por qué precisamente ese hombre no obedecía las órdenes de los golpistas y se tiraba al suelo. Me pregunté qué significado tenía esa imagen o ese gesto, si es que tenía alguno. El libro no es un intento de contestar a esas preguntas, sino de formularlas con precisión.

    “La realidad tiene tal fuerza dramática, tal potencia simbólica que resulta avasalladora”, decías en una entrevista a el diario El País. ¿Cómo se escribe literatura después de saber eso? – La pregunta es más bien, para mí, cómo se escribe literatura sin saber eso. Sabiéndolo es dificilísimo, porque uno es consciente de que escribir literatura es hacerle la competencia a la realidad; pero sin saberlo es imposible, porque esa ignorancia te condena a la mecanografía.

    libro cercas– ¿Crees que este libro le interesará a un lector chileno o latinoamericano? – Tanto (o tan poco) como cualquiera de mis demás libros. No creo que el hecho de que Anatomía prescinda de la ficción -si es que tal cosa es posible- cambie nada esencial; tampoco el hecho de que no se presente como una novela: algunos críticos han dicho que el libro es un intento de averiguar qué puede dar de sí la novela en el siglo XXI y de cartografiar y forzar sus fronteras, a la vez que un canto a la necesidad de la ficción para entender la realidad. No seré yo quien contradiga a esos críticos.

    La Velocidad de la Luz no logró igualar el impacto de Soldados de Salamina, al menos en Latinoamerica. ¿Por qué cree que sucedió? ¿Acaso en la historia Rodney Falk no volcó la misma intensidad que al escribir sobre hechos que tienen que ver con su historia? -No lo sé; yo escribí La velocidad de la Luz como he escrito mis demás libros: poniendo en ella todo lo que sé. Pero es verdad que en español no tuvo tantos lectores como Soldados, aunque tuvo muchos más en francés o en inglés. En fin: hay libros míos que no han tenido ningún impacto -como El Inquilino- y que yo no considero en absoluto inferiores a Soldados o La velocidad.

    Hace pocos meses, Javier Marías decía que El Quijote parecía haber tenido más impacto en la literatura anglosajona que en la española. ¿Piensas que la literatura española contemporánea ha sabido desarrollar una tradición propia? – Sí, pero es una tradición que me interesa poco y que en todo caso es flagrantemente inferior a la inglesa o a la francesa, sobre todo en el ámbito de la novela. El Quijote es tan bueno que a ratos da la impresión de que lo haya escrito Dios o, en su defecto, un novelista inglés; sea como sea, los españoles no nos dimos cuenta de lo bueno que era -estábamos demasiado ocupados quemando herejes-, pero los ingleses sí, de forma que decidieron robarnos el Quijote, lo que significaba robarnos la novela. Todavía no nos hemos recuperado de esa catástrofe.

    – ¿Qué piensas de la literatura española actual? – Que hace lo que puede.

    – ¿Qué autores te interesan de Latinoamérica? – Mi tradición inmediata no es la tradición española; es la tradición del español. Para mí, Borges es muchísimo más importante que cualquier escritor español desde Cervantes.

    – ¿Cómo has visto el crecimiento de la leyenda de Roberto Bolaño? – Primero con alegría. Luego con tristeza. Luego con alegría. Con alegría porque la obra de Bolaño se merece todos los lectores que pueda tener. Con tristeza porque Bolaño apenas pudo disfrutar de su éxito. Y finalmente con alegría porque en realidad Bolaño disfrutó de todo el éxito del que puede disfrutar un escritor: el éxito de un escritor consiste en escribir los mejores libros que pueda escribir, y eso es exactamente lo que hizo Bolaño.

    tortoise452

    Debe haber sido en 1995. Una tarde cualquiera después del colegio llegué hasta la disquería Background y Hugo Chávez -¿o habrá sido Miguel Umaña?- pone el Rhythms, Resolutions & Clusters, el flamante y exclusivo nuevo disco de Tortoise. Sabía que existía la banda, pero fue la primera vez que la escuché. Sonaba a algo completamente diferente a todo lo que conocía. Parecía una electrónica ejecutada en vivo, con instrumentos reales, improvisaba y orgánica. Alcohall, el primer track, era un oscilante solo de batería procesado para parecer el soundtrack de una cinta espacial experimental del futuro. Free jazz v/s Silver Apple v/s Slint. No entendí nada, pero acepté que Chávez me enviara a dejar a un sobre a un par de cuadras de la tienda a cambio de un descuento: debo haber pagado unos $11 mil por el disco, editado en una caja de cartón que hasta hoy conservo como una joya.

    Desde esa tarde no dejé de escuchar a Tortoise. Más: me convencí de que no sólo era la banda faro de esa escena rara y algo pretenciosa llamada post rock, también de que en los 90 pocos grupos llegaron tan lejos musicalmente. Sigo convencido. El ensamblaje de jazz, dub, electrónica y krautrock (1) que practicaba el grupo liderado por John McEntire, cristalizaba esa sensación tan noventera de estar a la deriva. Deliberadamente a contrapelo del grunge (2), Tortoise también retrataba la inestabilidad y la desorientación. Pero más que melodramáticos, eran reflexivos. Intelectuales. A veces han sido fríos, pero no en Million Now Living Will Never Die: cálido, el disco es la crónica de un viaje no sé si al espacio o al fondo del mar. En cualquier caso, a zonas misteriosas y desconocidas. Es un poco obvio, pero debe ser: fin de siglo.

    Cuando en octubre de 1999 dieron ese inolvidable recital en Chile en el Teatro Novedades (3), Tortoise ya había lanzado TNT, otro de sus emblemas. En el escenario, el quinteto era líquido: se movían entre los instrumentos, de batería en marimba, bajo en sintetizador, guitarra a tambores. Refutaban la idea de eran sólo una banda de laboratorio. O la completaban. Por años leí en todas las notas sobre el grupo el lugar común de que usaban el estudio como un instrumento más. Prefiero esto: Tortoise es una banda de hip hop. Tienen esa moral desprejuiciada de sacar algo de todas partes. Son la respuesta de Chicago al trip hop de Bristol, pero al contrario de Massive Attack Tortoise suele inventar sus samples. Y siempre, siempre, remezclan.

    Sospecho que todas las canciones de Tortoise son remezclas. Niguna fue en ningún momento original. La idea tiene implicancias filosóficas (4), pero puede simplificarse en que en Tortoise nada es totalmente definitivo. El mayor clásico de la banda, Djed, tiene al menos tres versiones y ya no estoy seguro si la que aparece en Million Now Living Will Never Die es verdaderamente el original: antes McEntire debió manejar otras versiones que desechó. La sorprendente caja A Lazarus Taxon es la prueba del sistema de trabajo de la banda: tres discos que reconstruyen sus primeros tres discos que se transforman en tres discos nuevos.

    Algo más con lo de las remezclas. Una esperanza: no importa que los últimos dos discos “originales” de Tortoise no estén a la altura de su historia. It’s All Around You (2004) y el flamante Beacons of Ancestorship (2009) son perfectos, pero fríos. Prácticamente congelados. No entiendo porque la crítica ha tratado tan bien (aquí y aquí) a Beacons of Ancestorship: seguro, está bien interpretado, producido maravillosamente, hasta mueve los límites de la banda, pero es cerebral y a veces aburrido. Pareciera que estuvieran obsesionados con quebrar los ritmos y evitar las melodías. Sin embargo, confío. Confío en las remezclas. Ya vendrán.

    1– ¿Cuál es el estilo musical de Tortoise? La pregunta fue una obsesión de los críticos musicales de los 90. Nunca hubo una respuesta clara, pero apareció eso del post rock, escena en que también estaban Mogwai, Laika, a veces Stereolab, Disco Inferno, entre otros. Supuestamente esos grupos habían superado al rock & roll. Ok. Como sea, Tortoise sigue siendo la banda emblema del post rock. Todavía nadie sabe qué hacen, pero quizás en el cruce imposible de progresivo y post punk que hizo This Heat a fines de los 70 esté la mejor pista.
    2– Kurt Cobain, Andrew Wood, Layne Stanley, Shannon Hoon, encarnaciones mortales de esa inestabilidad e inseguridad.
    3– Esa noche los teloneros fue una “super banda” con integrantes de Hombres de la Atlántida, Lem y Cáncer. El primero más bien industrial, los segundos mínimas experiencias post-rock locales cercanas a Labradford. ¿Congelador era la banda de post-rock chilena por excelencia? ¿O era Maestro? ¿O Tobías Alcayota?
    4– Lo obvio: Tortoise es una banda postmoderna. (O el post rock es postmoderno).

    diego ramírezBusqué y no lo encontré. Ningún poema de Claudio Bertoni está entre los mejores de los últimos 10 años, según la encuesta que hizo la Revista de Libros de El Mercurio el domingo 12 de julio. Quizás no es uno de esos errores imperdonables. Todavía no decido cuál es mi opinión sobre esa consulta. Supongo que es incompleta y fallida, pero todas las listas lo son. Tengo un par de ideas aisladas: me gusta que se repita Rosabetty Muñoz  y Rafael Rubio. Creo que Oscar Hahn tuvo tiempos mejores. No está mal la aparición Héctor Hernández y Cristián Gomez, está mucho mejor la de Gladys González, todos debieron haber mencionado a Bruno Vidal y menos mal que llamaron a Sergio Parra, pues de lo contrario tampoco habría estado Yanko González. Una duda: ¿por qué nadie menciona a Bolaño? Apuesto que nadie ha leído bien su poesía, pero -contándome entre esos malos lectores- quizás en la última década no escribió un gran poema. De puro fan, sospecho lo contrario.

    Sospecho, también, que en esa lista podrían faltar textos de Roberto Contreras, Cristián Arregui, Sergio Coddou, Germán Carrasco, Paula Ilabaca o Felipe Cussen. O, peor, temo que la lista sobra, está vacía y falla, porque en los últimos diez años la poesía chilena no ha sido capaz de sobreponerse al naufragio de los 90. No, no, algo ha pasado. Por ejemplo, Diego Ramírez publicó El Baile los Niños (2005, Ediciones del Temple), un libro urgente que incluye un poema adolescente y triste que, quién sabe, quizás algún día lo leeremos como un retrato de la noche de los 2000:

    Cadávares de la moda

    En mi polerita llevo dibujada la huella personal de la tristeza
    Llevo la imagen más dramática de esta noche
    Y la utilizo como bandera de signos para que me entiendan el
    mensaje

    En mi polerita llevo escrito «los chicos no lloran», pero en medio
    de este rito bailable vamos a ser todas chicas plásticas de esta
    galería moderna

    Esta noche vamos a llorar juntas como cadáveres de la
    moda
    (era hermoso verlos como pequeños dioses pobres)

    Me pregunta: Si tengo sueño
    Si tengo hambre
    Si tengo frío
    Si tengo sida

    Si tengo rabia
    Si tengo hermanos

    Me pregunta si voy a sobrevivir al evangelio de los
    chicos extranjeros.

    Velvet, según Beck

    julio 7, 2009

    beck
    No soy un incondicional de Beck, pero si tuviera que elegir mis 10 o 20 canciones favoritas de solistas de los 90 en adelante, ahí estarían Paper Tiger y Lost Cause. A veces quisiera que me gustará más, pero algo pasa: me encantó Modern Guilt, pero sospecho que olvidé seguir escuchándolo. De pronto, esas canciones perfectamente vintage a las que Danger Mouse les dió una inapelable dosis de onda, me dieron lo mismo. Incluso Orphans, a duo con la irresistible Feist.

    Como sea, no podría perder la fe en Beck. En parte porque al tipo se le ocurren ideas tan admirables como estas: hacer versiones de todas las canciones del debut de The Velvet Underground. La idea es parte de un proyecto mayor llamado Record Club en que Beck y su banda interpretarán discos enteros sin demasiado ensayo previo. Cada semana hay una canción nueva en el sitio de Beck. Ya van tres: Sunday Morning, Waiting for My Man y Femme Fatale. Suenan bien.

    ¿Qué otros discos debería cubrir Beck? Si de mi depende, que no haga nada de Dylan ni de los Beatles. Ni de Neil Young ni de Tim Buckley. Muy obvio. Quizás London Calling de los Clash. O The Piper at the Gates of Dawn de Pink Floyd. O Ziggy Stardust de David Bowie. Pero mucho mejor sería que Beck se arriesgara con discos contemporáneos como el Yoshimi de Flaming Lips. Y por qué no Subliminal Kill, de Pánico. O más, que Beck reinterprete discos del 2009. Propongo dos sorprendentes y candidatos obvios a lo mejor del año: Veckatimest, de Grizzly Bear, y Bitte Orca, de Dirty Projectors. (Qué discos: se bajan desde aquí y aquí)