Noventeros, inestables; Tortoise

julio 21, 2009

tortoise452

Debe haber sido en 1995. Una tarde cualquiera después del colegio llegué hasta la disquería Background y Hugo Chávez -¿o habrá sido Miguel Umaña?- pone el Rhythms, Resolutions & Clusters, el flamante y exclusivo nuevo disco de Tortoise. Sabía que existía la banda, pero fue la primera vez que la escuché. Sonaba a algo completamente diferente a todo lo que conocía. Parecía una electrónica ejecutada en vivo, con instrumentos reales, improvisaba y orgánica. Alcohall, el primer track, era un oscilante solo de batería procesado para parecer el soundtrack de una cinta espacial experimental del futuro. Free jazz v/s Silver Apple v/s Slint. No entendí nada, pero acepté que Chávez me enviara a dejar a un sobre a un par de cuadras de la tienda a cambio de un descuento: debo haber pagado unos $11 mil por el disco, editado en una caja de cartón que hasta hoy conservo como una joya.

Desde esa tarde no dejé de escuchar a Tortoise. Más: me convencí de que no sólo era la banda faro de esa escena rara y algo pretenciosa llamada post rock, también de que en los 90 pocos grupos llegaron tan lejos musicalmente. Sigo convencido. El ensamblaje de jazz, dub, electrónica y krautrock (1) que practicaba el grupo liderado por John McEntire, cristalizaba esa sensación tan noventera de estar a la deriva. Deliberadamente a contrapelo del grunge (2), Tortoise también retrataba la inestabilidad y la desorientación. Pero más que melodramáticos, eran reflexivos. Intelectuales. A veces han sido fríos, pero no en Million Now Living Will Never Die: cálido, el disco es la crónica de un viaje no sé si al espacio o al fondo del mar. En cualquier caso, a zonas misteriosas y desconocidas. Es un poco obvio, pero debe ser: fin de siglo.

Cuando en octubre de 1999 dieron ese inolvidable recital en Chile en el Teatro Novedades (3), Tortoise ya había lanzado TNT, otro de sus emblemas. En el escenario, el quinteto era líquido: se movían entre los instrumentos, de batería en marimba, bajo en sintetizador, guitarra a tambores. Refutaban la idea de eran sólo una banda de laboratorio. O la completaban. Por años leí en todas las notas sobre el grupo el lugar común de que usaban el estudio como un instrumento más. Prefiero esto: Tortoise es una banda de hip hop. Tienen esa moral desprejuiciada de sacar algo de todas partes. Son la respuesta de Chicago al trip hop de Bristol, pero al contrario de Massive Attack Tortoise suele inventar sus samples. Y siempre, siempre, remezclan.

Sospecho que todas las canciones de Tortoise son remezclas. Niguna fue en ningún momento original. La idea tiene implicancias filosóficas (4), pero puede simplificarse en que en Tortoise nada es totalmente definitivo. El mayor clásico de la banda, Djed, tiene al menos tres versiones y ya no estoy seguro si la que aparece en Million Now Living Will Never Die es verdaderamente el original: antes McEntire debió manejar otras versiones que desechó. La sorprendente caja A Lazarus Taxon es la prueba del sistema de trabajo de la banda: tres discos que reconstruyen sus primeros tres discos que se transforman en tres discos nuevos.

Algo más con lo de las remezclas. Una esperanza: no importa que los últimos dos discos “originales” de Tortoise no estén a la altura de su historia. It’s All Around You (2004) y el flamante Beacons of Ancestorship (2009) son perfectos, pero fríos. Prácticamente congelados. No entiendo porque la crítica ha tratado tan bien (aquí y aquí) a Beacons of Ancestorship: seguro, está bien interpretado, producido maravillosamente, hasta mueve los límites de la banda, pero es cerebral y a veces aburrido. Pareciera que estuvieran obsesionados con quebrar los ritmos y evitar las melodías. Sin embargo, confío. Confío en las remezclas. Ya vendrán.

1– ¿Cuál es el estilo musical de Tortoise? La pregunta fue una obsesión de los críticos musicales de los 90. Nunca hubo una respuesta clara, pero apareció eso del post rock, escena en que también estaban Mogwai, Laika, a veces Stereolab, Disco Inferno, entre otros. Supuestamente esos grupos habían superado al rock & roll. Ok. Como sea, Tortoise sigue siendo la banda emblema del post rock. Todavía nadie sabe qué hacen, pero quizás en el cruce imposible de progresivo y post punk que hizo This Heat a fines de los 70 esté la mejor pista.
2– Kurt Cobain, Andrew Wood, Layne Stanley, Shannon Hoon, encarnaciones mortales de esa inestabilidad e inseguridad.
3– Esa noche los teloneros fue una “super banda” con integrantes de Hombres de la Atlántida, Lem y Cáncer. El primero más bien industrial, los segundos mínimas experiencias post-rock locales cercanas a Labradford. ¿Congelador era la banda de post-rock chilena por excelencia? ¿O era Maestro? ¿O Tobías Alcayota?
4– Lo obvio: Tortoise es una banda postmoderna. (O el post rock es postmoderno).
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5 Responses to “Noventeros, inestables; Tortoise”


  1. Roberto:
    Tortoise está entre lo mejor que nos entregaron los sobrevalorados 90. El último disco está muy bien, y coincido en su gelidez extrema. El Millions now living es insuperable.
    Se agredecen, también el link a las versiones de VU x Beck y la mención en el post anterior. (la poesía chilena es una bolsa de gatos, así que más que lista habría que hacer un esquema de guerra, donde se indiquen bandos, tácticas de ataque, estrategias y, claro, propaganda).
    Saludos cordiales,
    Sergio


  2. ah hablando de slint, tortoise y covers, te recomiendo el disco de versiones de Misfits que acaba de editar David Pajo en 2009, se llama “Scream with me”. Pajo logra transformar a Glenn Danzig en el Leonard Cohen del hardcore punk. Ojo con Where eagles dare y I turned into a martian
    aquí un video de la primera

    • robertocareaga Says:

      Wow… siempre sospeché que David Pajo era punk. gracias, Sergio. no sabía del disco.
      y tienes razón: nadie mejor para relatar la dinámica de la poesía chilena actual que un reportero de guerra. pero mi duda siempre es la misma: ¿qué guerra pelean?

      gracias por pasar

      rc

  3. Nynuk Says:

    Ah, Señor Moderador, que Tortoise no sea salvaje y sin embargo ello no lo distancie…

    Como pasable anónimo, diré que la parte autobiográfica de su artículo me suena a Sigur Ros (que es lindo Sigur Ros), pero que la banda que aquí se elige como representante del placer íntimo, a mi entender, no se la jugó “intravenosamente” (parece ironía, pero al final es triste), y en vez, como buena tortuga, pasó de jugar con las hojas de la lechuga a esconderse del mal en su caparazón…

    ¿Habrán tortugas ninja, en un lugar lejos, lejos, lejos, que me hagan dejar atrás un sueño hecho fragmentos?

    Un abrazo,
    siempre suyo aunque tan sentido,
    Nynuk.


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