Richard Ford en Chile

agosto 5, 2009

ford

El domingo pasado, Richard Ford recibió en su casa en el pueblito costero de East Boothbay (Maine, EEUU) a Ann Beattie. Amigos desde hace años, ambos fueron parte de lo que la revista Granta llamó alguna vez “realismo sucio”. Ahí también estaban Raymond Carver y Tobias Wolff. No sé si habrán recordado esos años, pero seguro que mientras comían Ford le contó a la autora de Postales de Invierno que estaba preparando un viaje a Chile. Quizás le dijo que debió cancelar los planes para ir a cazar codornices chilenas, pues su esposa aún debía recuperarse completamente de una operación a la cadera. Probablemente no lo mencionó, pero nosotros ya lo sabemos: el día en que Ford se encontrará con sus lectores chilenos es el jueves 27 de agosto.

La cita es a las 18 horas en la Casa Central de la UC. En la sala José Manuel Irarrazaval. La excusa es el seminario La Ciudad y las Palabras que organiza el doctorado de arquitectura de la Católica. Ford será entrevistado públicamente por Gonzalo Garcés. Tal como ya pasó con Houellebecq, Barnes y Marías. Después el micrófono se pasa al público y después el resto: Ford firma libros, se saca fotos, etc. Adelanto una gran tarde. Ford -no sé si será necesario decirlo- es uno de los 4 o 5 gigantes vivos de la literatura gringa. Y creo que ya estaba en ese club antes de que John Updike se muriera. Las 1300 páginas que suman El Periodista Deportivo, El Día de la Independencia y Acción de Gracias son prácticamente magistrales.

Le hice una entrevista hace un año a propósito del lanzamiento en español de Acción de Gracias. A modo de preparación para la cita del 27, dejo una par respuestas de Ford, especialmente sobre Frank Bascombe:

“Comencé a escribir El Periodista Deportivo en la primavera de 1982. Entonces vivía en Princeton, New Jersey. Anteriormente había decidido dejar de ser un novelista y conseguir un trabajo como periodista deportivo para alguna revista en EEUU. Pero la revista en la que estaba trabajando cerró, así que me dejaron preguntándome qué hacer. Lo único que había hecho que realmente valía la pena era escribir ficción. Así pues, más bien desesperado, decidí intentar nuevamente escribir una novela. La desesperación debe haber ayudado, ya que probablemente me hizo trabajar más duramente y sentir que en realidad no tenía otra alternativa. Y no tengo idea de por qué esto me conectó con los lectores y la crítica. A mis otros libros no les había ido tan mal con la crítica. Nadie los leyó, ése era el problema. Por lo tanto, si este libro realmente tuvo éxito de venta y de crítica, puedo atribuirlo solamente a la genialidad”.

“Intento generalmente escribir sobre cosas que no tengan que ver conmigo. Siento que tengo más libertad creativa. Y esa libertad es la gran fortaleza del arte. Uno debe escribir como si no le importara el resultado de lo que escribe. Por supuesto inevitablemente es así; pero tenemos que liberarnos tanto como podamos para escribir sobre puntos de vista, sobre comportamientos, sobre gustos, sobre las creencias que no compartimos. Siempre que atribuyo a Frank una cierta opinión que también tuve, me arrepentí, pensando que mi libro no era lo suficientemente interesante”

“Probablemente tuve los mismos cuestionamientos que Frank. Él escribió un libro de cuentos, después no pudo acabar la novela que estaba escribiendo. Simplemente sentía que terminarlo no importaba, y que podría ser más feliz haciendo algo más fácil. Me hacia esas preguntas. Si hubiera podido tener un trabajo como periodista deportivo, como Frank, estoy bastante seguro de que yo no habría seguido la vida de escritor. Y francamente, en términos personales, no me habría importado”.

“Si echo de menos a Frank, sé donde está. Tengo estos tres grandes libros sobre él. Me gustó escribir sobre Frank. Y, por supuesto, si alguna vez quiero escribir sobre él nuevamente, puedo hacerlo. Incluso si ya dije que no lo haría y no puedo imaginar cómo hacerlo. Nunca confíes en un escritor”.

“Realismo sucio nunca fue una buena definición para el trabajo de nadie. Fue solo un slogan de maketing que el editor de Granta le puso a algunos escritores que publicaba – que no tenían mucho en común excepto que eramos americanos. Siempre me impacta que siga aún en la memoria de algunos. ¿Cuánto? ¿Casi 25 años? ¿Me pregunto si los impresionistas se sentían así? Apuesto a que si”


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2 Responses to “Richard Ford en Chile”

  1. esteban Says:

    Tremendo escritor, uf!

    Felicitaciones por el trabajo que realizas en La Tercera. Pregunta: periodista literario o periodista que además escribe literatura?


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