Alfonso Calderón, 1930-2009

agosto 8, 2009

calderon

Murió de un infarto. Cerca de las 9:30 de la mañana del 8 de agosto. Recuerdo que cuando en 1998 le dieron el Premio Nacional de Literatura, no faltó quien dijera que Alfonso Calderón tenía poca obra. Si se referían a su ficción, es cierto. Pero de ahí a que fuera mal escritor, hay mucho camino. Fue una de esas piezas fundamentales de una escena literaria: la memoria. Mantenía viva a la generación del ’38 y a las del ’50. Los frecuentó a todos y recordaba desde sus gustos literarios hasta el vino que tomaban. Cronista y enorme memorialista, Calderón será recordado por insistir e insistir en traer de vuelta a Joaquín Edwards Bello. Fue él quien por primera vez rescató sus crónicas del archivo de La Nación y las puso en un libro. En eso mismo estaba en estos días; trabajaba con la Universidad Diego Portales en la reedición de la obras completas de JEB, codo a codo con Roberto Merino y Matías Rivas. Por lo que sé, Calderón se juntaba con Merino y Rivas prácticamente todas las semanas a almorzar -muchas veces en el Squadrito- a hablar de JEB. Su muerte es absolutamente sorpresiva, pese a sus 79 años. Estaba totalmente sano, más lúcido que nunca. Yo doy fe: en los últimos dos años o tres años creo que haberle pedido ayuda al menos cada dos meses. Le pedía información sobre escritores chilenos, mayormente; siempre sabía. Fue extremadamente generoso. Me recibió muchas veces en su casa, un departamento tapizado de libros, y me contó todo lo que necesitaba saber. Del Chico Molina, de Lihn, de Parra, de JEB, de Violeta Quevedo, del ’38, de Serrano, etc, etc. Entiendo que estos últimos años estaba renovado, como que hubiese rejuvenecido. Una pérdida. Una pena.

Actualizado: Corregí la fecha de su muerte. No había sido la noche del viernes, sino la mañana del sábado. Hoy domingo, sus están siendo velados en la Casa Central de la UDP.

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2 Responses to “Alfonso Calderón, 1930-2009”

  1. marisol Says:

    Un extraordinario profesor, sin lecciones estructuradas pero invaluables recuerdos.


  2. Cuando trabajaba en Pehuén, me tocó editar su libro 1900. A propósito de esto me leí (y con muchísimo gusto para mi sorpresa) buena parte de sus diarios y de sus libros de viaje. Gran cronista. Humilde como pocos. Lo entrevisté en aquella ocasión. Tienes razón: una pena.

    Saludos,

    CGO


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