Los libros del milenio, dicen

septiembre 26, 2009

franzen

En The Millions creyeron que ya era hora de empezar: ¿Cuáles son las mejores novelas del milenio, hasta ahora? le preguntaron a colaboradores, críticos, editores escritores, amigos, etc. Contaron los votos y armaron esta lista:

  1. Las Correcciones, de Jonathan Franzen. (Seix Barral)
  2. El Mundo Conocido, de Edward P. Jones. (Tropismos)
  3. El Atlas de las Nubes, de David Mitchell. (Tropismos)
  4. 2666, de Roberto Bolaño. (Anagrama)
  5. Pastoralia, de George Saunders. (Mondadori)
  6. La Carretera, de Cormac McCarthy. (Mondadori)
  7. Austerlitz, de WG Sebald. (Anagrama)
  8. Salir a Robar Caballos, de Per Petterson. (Bruguera)
  9. Odio, Amistad, Noviazgo, Amor, Matrimonio, de Alice Munro. (RBA)
  10. Nunca me Abandones, de Kazuo Ishiguro. (Anagrama)
  11. La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao, de Junot Díaz. (Mondadori)
  12. El Ocaso de los Superhéroes, de Deborah Eisenberg. (El Lector Universal)
  13. Mortals, Norman Rush. (Si traducción)
  14. Expiación, de Ian McEwan. (Anagrama)
  15. Varieties of Disturbance, de Lydia Davis. (Sin traducción)
  16. La Fortaleza de la Soledad, Jonathan Lethem. (Mondadori)
  17. Middlesex, Jeffrey Eugenides. (Anagrama)
  18. Stranger Things Happen, de Kelly Link. (Sin traducción)
  19. American Genius, A Comedy, de Lynne Tillman. (Sin traducción)
  20. Gilead, Marilynne Robinson. (Sin traducción)

¿Era hora de empezar? No estoy seguro, pero es divertido. Dejando a un lado el hecho de que se trataba solo de libros en inglés y traducidos, me impacta lo autorreferentes que son los gringos. A estas alturas no me sorprende que Bolaño llegue tan arriba, pero sí que sean tan fanáticos de Junot Díaz. Preguntas: ¿De dónde salió la editorial Tropismos? ¿Alguien la trae a Chile? (Alguien debería moverse). Otra en serio: ¿Por qué las mujeres son menos traducidas? ¿Puro machismo? Me encantaría leer a Kelly Link y Lydia Davis. Estoy seguro que las omisiones dan para una lista paralela, pero siguiendo la lógica de The Millions echo de menos  a Michael Chabon, AM Homes (La Hija del Amante, imprescindible), algún Philip Roth, Zadie Smith. Lo que no se me ocurre es cuál o cuáles  son los libros en español escritos en este milenio que The Millions está ignorando groseramente: ¿acaso no se ha escrito nada bueno en español después de Bolaño? La pregunta está abierta, siéntanse libres a contestar. Lo último: realmente los gringos quedaron locos con Franzen. Yo compré Las Correcciones en saldos y ahí está acumulando polvo, aún no puedo leerlo. Asumo que lo leeré antes de que Franzen venga a Chile, en enero del 2010.

La fe de McEwan

septiembre 9, 2009

McEwan

Maldito McEwan. Estaba feliz leyendo Un Paseo Solitario, la demente primera novela del inglés Gul Y. Davis (1973), pero llegó Ian McEwan a Chile. Y me hizo dudar si el libro de verdad era bueno. Mi plan era escribir aquí que Davis estaba en camino a convertirse en un ineludible. Estaba entusiasmado. Iba a aplaudir al J.B. Priestley Award for Young Writer por premiarlo; iba a agradecerle a editorial Periférica por publicarlo y a Daniel Gascon por traducirlo (y a Hueders por hacer llegar el libro a La Tercera). Diría que Un Paseo Solitario es un crudo, tierno, triste y desesperanzador viaje al corazón del sistema de atención psiquiátrica británica. O un viaje al desamparo. Lo sigue siendo: relata el paseo de Wil, una adolescente que ha pasado casi toda su vida encerrado en sanatorios. En una alta momentanea, se escapa para encontrar a la sirena que lo salvará.

Will no tiene a nadie en el mundo. No le bastan las sonrisas de las enfermeras dulces ni las palabras de ánimo de un ocasional enfermero comprensivo. Tampoco los coqueteos con alguna loca anoréxica compañera de psiquiátrico. Sus padres son un desperdicio. No sabemos exactamente qué padece Will, pero sí que se ha intentado suicidar, tiene algún trastorno con la comida, le dan pánico los medicamentos y no puede parar de llorar. “Atrapado en este mundo humano… ¿formaré parte de él alguna vez?”, piensa atontado por los llamados de su sirena. Aunque parezca, es más que un adolescente tipo Holden Caulfield. Pero algo hay de El Guardían entre el Centeno en Un Paseo Solitario. La desorientación y el hastío del mundo, aunque aquí llevada a niveles psiquiátricos.

Aunque no sabemos qué enfermedad sufre Will, sí sabemos cuál sufre Gul Y. paseo solitarioDavis: Trastorno Obsesivo Compulsivo. Según un perfil de The Guardian, el escritor ha pasado 21 años encerrado en psiquiátricos. Recién en los últimos años lo diagnosticaron correctamente y un tratamiento lo ayuda. Antes sufrió: cualquier cosa a su lado le daba terror, pensaba que inevitablemente terminaría usándolas para suicidarse. Antes, más joven, se obligaba a vomitar dosis exactas de comida en lugares especiales. Davis cuenta su historia en un artículo reproducido por el diario Público. Dice que Un Paseo Solitario está basado en sus recuerdos. Termina esperanzadoramente: “Hubo final feliz”.

Entonces McEwan llegó a Chile. Ayer en la mañana, en el seminario Revolución Darwin, el autor de Amsterdam leyó un sorprendente ensayo sobre la originalidad en la ciencia y el arte. Lo mejor fueron las reconstrucciones de los dramáticos momentos en que Darwin y Einstein terminaron de dar forma a sus famosas teorías. Notable. Más tarde, McEwan llegó al CEP. Estaban ahí: Gonzalo Contreras, Carla Guelfenbein, Pablo Simonetti, Ernesto Ayala, Oscar Bustamante, José Miguel Varas, Marta Blanco, Carlos Iturra, Oscar Contardo, Andrea Palet y un par más que se me van. De nuevo, notable: sorteó las balbuceantes preguntas de David Gallagher y respondió las bastante más respetables de Arturo Fontaine con claridad e inteligencia. “I don’t’ know what the hell I’m doing”, dijo intentado resumir su método de trabajo.

La frase no lo resume a él. McEwan es aplicado, profesional y mateo. Y tiene una fe enorme en la novela. Me dijo esto el domingo pasado en el lobby del Ritz: “La novela es una gran herramienta para investigar cambios históricos y sociales, las relaciones entre individuos… No hay otra forma de arte que pueda igualarla. El cine no puede darte esa mirada al interior, tampoco el teatro. La novela es la herramienta suprema para investigar estados de conciencia, ya sean privados o sociales”.

Y ayer en el CEP me hizo dudar de Gul Y. Davis y El Paseo Solitario. Carlos Iturra la preguntó si hoy servían de algo las novelas. Dijo esto:

“Los autores del siglo XIX parecían ser capaces de sostener a toda la sociedad. No creo que hoy ningún escritor británico pueda hacer lo que Dickens hacía. No le damos la suficiente importancia a las novelas. Temo que la novela se está desintregrando en una interminable subjetividad. Toda una generación de escritores ingleses sólo escribe en primera persona, sólo escribe sobre estados emocionales, sólo escribe desde un punto de vista subjetivo sobre su mundo inmediato. En Inglaterra tenemos toda una generación de personas que no puede decir una frase sin que suene como una pregunta. Existe la posibilidad de que la novela se convierta en interminables pequeñeces. Es realmente peligroso. Es un problema, pareciera que los escritores hoy se avergüenzan de las ideas. Solo quieren escribir sobre emociones. Y no parece ser suficiente. Por supuesto, la novela es un género muy emocional, pero también es una gran herramienta para jugar con ideas”.

He escuchado casi esas mismas palabras de Rafael Gumucio y de Andrés Neuman. Ambos me sonaron razonables. Pero es distinto escucharlas de alguien que ha escrito novelas como Sábado, Chesil Beach o Expiación. No creo que sea precisamente “peligroso” tanta primera persona, tampoco podría decir que dejó de gustarme Un Paseo Solitario -novela que recomiendo-, pero algo de razón tiene el hombre. No se trata tirar a la basura los balbuceos personales -algunos llegan a ser maravillosos-, prefiero entender las palabras de McEwan como un desafío. Una propuesta. O, quién sabe, quizás la literatura de verdad no sirve para nada y McEwan es un ingenuo.

Les dejo la nota que escribí sobre McEwan para La Tercera. Donde dice que Sam Mendes va a dirigir Chesil Beach.