Otros 28 libros (2009)

diciembre 23, 2009

Salió el sábado pasado en La Tercera. El título fue 10 libros notables, de la ficción a la realidad y fue nuestra elección de lo mejor del año. Participaron Alvaro Matus, Andrés Gómez, Juan Manuel Vial, Matías Rivas y yo. Cada uno eligió dos títulos. Yo opté por Netherland y los Cuentos Completos de Fogwill. Como todas las listas, es mezquina. No he leído todos los libros escogidos, pero los apoyo.

La Elegancia del Erizo, de Muriel Barbery (Seix Barral)

Missing, de Alberto Fuguet (Alfaguara)

El Fondo del Cielo, de Rodrigo Fresán (Mondadori)

Netherland, de Joseph O’Neill (Siglo XX)

Correr el Tupido Velo, de Pilar Donoso (Alfaguara)

La Gran Trilogía, de Gregor von Rezzori (Anagrama)

En Tierras Bajas, de Herta Müller (Siruela)

Breakdowns, de Art Spiegelman (Mondadori)

Cuentos Completos, de Fogwill (Alfaguara)

Mecanismos Internos, de JM Coetzee (Mondadori)

En la nota pueden leer descripciones de los libros y ver quién los escogió.  Un par de apostillas:

– Sobre todo, lamentamos que un libro quedara afuera de la listita: Canciones Oficiales, de José Angel Cuevas. Supongo que se trata del mejor libro de poesía del año. En su calidad de antología, prueba que los merodeos del ex poeta Cuevas en la resaca de la UP no son puro llanto lastimero, sino la narración de la otra historia de Chile. Hablando desde la calle, Cuevas narra una derrota general del país y el avance lumpen. Obviamente político, amargo, nostálgico y de un humor negrísimo, Canciones Oficiales es el argumento para instalar definitivamete a Cuevas en las grande ligas. (Aunque parece que ya estaba)

– Otros libros que se mencionaron: Las Hermanas Grimes, de Richard Yates; Aquí Empieza Nuestra Historia, de Tobías Wolff, y Los Hermosos Años del Castigo, de Fleur Jaeggy. El primero es imprescindible (hay quienes dicen que es mejor que La Vía Revolucionaria), el segundo no lo he leído pero debe ser bueno, y el tercero es sorprendente: la suiza Jaeggy, esposa de Roberto Calasso, escribe la historia de un colegio con un laconismo delicioso. No pude terminarlo -no era mío el libro-, pero es muy recomendable.

– Apareció al comienzo del año y pasó muy inadvertido. Demasiado. Enrique Lihn: Vistas Parciales, de Adriana Valdés, es de esos libros que deberían imitarse. Tiene algo de ensayo, pero es un testimonio: Valdés relata cómo fue su vida con Lihn. No entra en infidencias, pero su relato de los últimos días del autor de A Partir de Manhattan es invaluable. Sirve para esperar la biografía de Lihn en que trabaja Roberto Merino.

– Otros libros en los que yo pensé: La Segunda Mano, de Germán Marín; Anatomía de un Instante, de Javier Cercas; Pistas de un Naufragio, de Chiara Bolognese; El Placer de los Demás, de Pablo Azocar; Retratos de Will, de Ann Beattie; Gente que Baila Sola, de Marcelo Lillo; Cuadernos de Guerra, de Raúl Zurita; Milagros de Vida, de JG Ballard. Eso más o menos, nada muy inolvidable. Sumo lo último: Armas Arrojadizas, antología y selección de cuentos de Marcelo Mellado recién lanzada por Metales Pesados.

– Los chiquillos. Creo que están entre lo destacable. Maori Pérez publicó Diagonales, una novela histérica que en algún momento se desintegra, y Diego Zúñiga publicó Camanchaca, el debut del año que a todos les gustó. A mi también. Ya voy a escribir de ella. Lo obvio: la literatura chilena puede ser otra. Puede ser mejor. (Ya está mayorcito, pero Pablo Torche también anuncia -a través de Acqua Alta– que viene algo diferente. Puede que Bisama, Labbé y Zambra ya estén en el futuro).

– Si hubiera un premio a la editorial independiente del año, debería ir para Lanzallamas. Su colección de (fan)zines es potencialmente subversiva. Libros tan baratos que ponen en jaque al sistema de librerías y tienen mejor diseño que cualquier libro de las librerías. Son precarios, de acuerdo, pero ese el juego. La reedición de Beso Eterno, lo primero que publicó Mario Santiago Papasquiero, encabeza la colección. Si no lo compraron en la Furia del Libro, pídanlo en la web. Ahora.

(imagen: All the Books in my Library, de Buzz Spector)

1. Tienen poco más de veinte años, son británicos, se visten de negro y, me gusta pensarlo, prefieren andar de anónimos. The XX. Unos debutantes que este año lanzaron un disco homónimo -el primero- oscuro, esquivo y ligeramente desganado. No me sé bien su historia (¿son amigos desde los 15 años? ¿eran cuatro y ahora son tres? ¿los vocalistas, ella y él, se aman en secreto desde que eran niños?), pero sí que en torno a la banda se generó otro de esos hypes inesperados que se esparció por la web. Ahora que se acaba el año, todos (supongo) quieren meter a su disco entre los mejores del 2009. Yo también. Yo quiero exagerar: The XX es lo mejor que ha dado Inglaterra en esta década.

Es un disco mezquino, apenas 11 canciones entre las que se incluyen un par de track etereos que olvidaremos. El resto es un puñado de temas de pop sombrío que no soy capaz de comparar con nada. Quizás son una síntesis del revival post punk, del lado menos electrónico de Massive Attack, de la aparente apatia de José González y de lo más oscuro del R&B… No sé. Me imaginó a The XX sonando sobre imágenes de un grupo de adolescentes británicos medios punk que deambulan por los márgenes abandonados de Londres. Hace frío. No van a ninguna parte. Están solos. Son pobres. Van a terminar todos juntos en un departamento vacío y sucio. Un refugio. Algunos van a querer enamorarse. Tendrán sexo. Están en el futuro: el mundo que conocemos se está acabando.

2. Pero The XX no suena como debería sonar el futuro. No son vanguardia. Suenan limpios, simples y sin pretenciones (quizás saben algo que nosotros no). Por decir algo, no tienen nada que ver los autores del otro disco indie del año: Merriweather Post Pavilion, de Animal Collective. Ellos sí que vienen del futuro. Lanzado a inicios de 2009, es de una electrónica (¿electrónica?) tan orgánica que en cualquier momento se descontrola hasta convertirse en un carnaval. Al contrario del apocalipsis de The XX, AC muestra una visión de un futuro luminoso y brillante. Ya se sabe: Panda Bear, Avey Tare y Geologist llevan el faro en el descubrimiento de nuevos terrenos para la música popular. Lo llevan hace años. Y cada vez van más lejos: Merriweather Post Pavilion es gigantesco. Un hito para una banda con 10 años de carrera.

Experimentales, a Animal Collective se les trata también de psicodelia del siglo XXI y, por eso, uno siempre cree que estos cabros fueron fanáticos de los ya veteranos Flaming Lips. Y si no lo fueron, al menos deberían pasarlo bien escuchando Embryonic, el flamante nuevo disco de los autores de The Soft Bulletin. Album complejo, denso y con mínimas conceciones pop, Embryonic le devuelve el sitial a la banda de Wayne Coyne como la más sorprendente de la alternativa gringa. El segundo single del disco es Watching the Planets, una canción que le pelea el primer lugar de la mejor del año a la inquietante While You Wait for the Others, de Veckatimest de Grizzly Bear.

3. Por lejos, While You Wait for the Others es la canción más amable -¿o debería decir inolvidable?- de Veckatimest. Lo último de Grizzly Bear, el disco que terminó de consagrarlos, es complejo,  sofisticado y laberíntico. Sospecho que no toda la gente que dice que lo ha escuchado, efectivamente lo ha hecho. A ratos es difícil, pide atención. Lo imagino como el soundtrack descartado de una gravísima versión cinematográfica de Alicia en el País de la Maravillas. Como si hubiese sido armado por piezas y luego ensamblado, Veckatimest cruza armonías, enfrenta tiempos y exhibe todas las gamas cálidas del colorido psicodélico.

A los Grizzly no le gustan las cosas fáciles. Tampoco a Dirty Projectors, pero Bitte Orca, su sorprendente disco 2009, es muy fácil de escuchar: Stillness Is the Move es la prueba.  Irresistible. Solo que la banda de Dave Longstreth tiene una idea especialmente inesperada de las canciones pop: cantan dos chicas de voces dulces sobre melodías que se quiebran y punteos que inexplicablemente suenan indies. Supongo que como en Veckatimest, también se puede sospechar que en Bitte Orca hay pretenciones de algo más que juntar un puñado de canciones: Longstreth quería una obra general que recorriera todos los tonos de lo luminoso. Un discazo que exalta la vida.

4. Para la muerte está The Antlers. No he querido saber toda la historia de Peter Silberman, pero él escribió en solitario las canciones del primer disco del grupo, Hospice: la historia de una mujer que muere de cáncer a los huesos en una clínica. El narrador es su pareja que la cuida hasta el final. Como es obvio, es un disco tristísimo de tonos bajos, susurros, guitarras cálidas, oscuridades saturadas y discreta luz. Lento, pausado y con varios momentos epifánicos, es un disco bien genial. Entre las canciones inolvidable están Bear, Two, Shiva y Wake, pero todo el disco es notable. Con ecos sonoros del It’s a Wonderful Life, de Sparklehorse, y a la canción Radio Cure, de Wilco, Hospice más que la crónica de una agonia parece retratar el paso siguiente: es fantasmal.

Radicalmente más folk que The Antlers (Peter Silberman no es nada folk en realidad),  pero también en tonos bajos, un disco bien inadvertido: You Can Have What You Want, de Papercuts. El album tiene momentos menores, pero también dos canciones imprescindibles: la adictiva Future Primitive y la intensa y desgarradora The Wolf, track que podría instalarse fácilmente como la segunda mejor canción del 2009 para terminar un disco (Brother Sport, de Merriweather Post Pavilion).

5. ¿Qué pasó en la música chilena? Muchas cosas, por supuesto, pero me quedo con dos (o me olvido de la mayoría). Se separó Teleradio Donoso, obviamente de lo mejor que ha salido por acá en esta escuálida década. Lo otro es Que Salgan los Dragones, el primer disco de Chinoy. Aparte de tener una carátula criminal -o simplemente no la entendí-, le pasa lo que ya todos intunían: no tiene la rabia del vivo. Pese a que le falta la pólvora que lo hizo famoso, para mi sigue siendo muy superior a todos los Nano Stern, Manuel García, etc, etc.

6. Entre los otros discos buenos del año, me acuerdo de estos: jj nº2, de jj; Dragonslayer, de Sunset Rubdown; la compilación Dark Was the Night; Manners, de Passion Pit; el homónimo de Fever Ray, y Unmap, de Volcano Choir. De los que saldrán oficialmente el 2010 y ya se filtraron a internet tres más o menos notables: Teen Dream, de Beach House; Astrocoast, de Surfer Blood, y Odd Blood, de Yeasayer, donde está un single épico: Ambling Alp.