Terremoto / muerte, ruinas, descontrol

marzo 3, 2010

Días extraños. Días en el piso. Días de excesos. Mi imagen del terremoto es la de una película: salgo corriendo de la cama y abrazo a mi esposa embarazada al borde de mi edificio soportando un movimiento interminable. Hay gritos, se quiebran vidrios, un estruendo anuncia que todo se viene al suelo. Yo tengo una imagen sorda.

Después de compartir el miedo con los vecinos, tratamos de dormir. En el departamento no pasó nada grave. A las siete y media, sin saber nada de lo que está pasado, nos subimos al auto para escuchar radio y mirar Santiago. La feria de Emilia Tellez empieza a instalarse, mientras en la Copec de Simón Bolivar con Ossa se agolpan los autos buscando combustible. En el aire flota demasiado polvo. En la casa de mis padres hay electricidad y nos enteramos por la tele: el terremoto de 8,8 grados, con epicentro en Cobquecura, desató un tsunami. Cayó Concepción, Talcahuano, Constitución y un centenar -o muchas más- de pequeñas caletas esparcidas por la VIII Región. La VII Región también está destruida. En la Isla Juan Fernández las olas barrieron con tres kilómetros.

Me acuerdo de Iloca y Duao, dos balnearios en los que estuve hace unos 10 o 9 años con un amigo. Fuimos en marzo y eran pueblos solitarios, casi fantasmas, en los que nos aburrimos sin quejarnos por una semana. Ya no existen. No volverán a existir. En el futuro iremos a pasear por sus ruinas. En el futuro existirá una ruta para recorrer las huellas del desastre del terremoto del 2010. Iremos en familia a llenar nuestras cámaras digitales con imágenes de casas partidas por la mitad, botes sobre los cerros, caminos quebrados, escombros y la nueva geografía.

En el futuro también habrá otra imagen. Una imborrable e infernal. Concepción en pánico y descontrolada: saqueos en todas las tiendas a cargo de masas anónimas que se llevan leche, comida, cajas de whysky, fotocopiadoras. Más tarde, botellas de cervezas vacías en las calles y carros de supermercados abandonados en mitad de las ruinas. Al instante, otros vecinos se organizan, cierran calles y armados de palos, trinches, pistolas, escopetas, cuidan sus casas de las turbas. Dicen que vienen. Dicen que vendrán. La psicosis se esparce por Chile e incluso llega a Santiago, donde en Quilicura un grupo fuerza las puertas de un Líder. Ahí mismo, otros se arman para defender lo suyo si es necesario. Algo torció el terremoto. O dejó a la luz la oscuridad que late al interior de todos. Liberó la oscuridad. “Me acuerdo de La Noche de los Muertos Vivientes”, me dice al teléfono Tito Matala, escritor residente en Concepción. Yo también quisiera que fuera una película. Yo tampoco puede entender bien lo que está pasando. Yo también me confundo.

En la tarde de lunes le piden a la sección de cultura de La Tercera, donde trabajo, una nota con la historia del Almirante Gómez Carreño. La escribo yo. Fue el jefe de plaza de Valparaíso tras el terremoto de 1906. Pasó a la historia por poner orden a punta de fusilamientos a los saqueadores. Es una episodio brutal. Hoy, por supuesto, absolutamente inconcebible de repetir.  La escribo rápido con ayuda de un par de colegas. En ese momento, pienso que estamos recordando un momento horrible de nuestra historia. Esa es la idea: hacer memoria, recordar el pasado. Intuyo que algunos la entenderán como un llamado a disparar a muerte a los saqueadores del Concepción de hoy. Nadie en la sección de cultura quiere que se entienda eso, ni en todo el diario. Nadie. Intuyo lo macabro, pero me dejo llevar por el apuro periodístico y la escribo. La nota es sometida a un par de ediciones; la discuto, pero no lo suficiente. Se va firmada con mi nombre pese a que se cortan las líneas -pocas- en que condenaba al almirante. Después de todo, la escribí yo. Es mi responsabilidad.  Al día siguiente un amigo, el mismo con que fui a Iloca y Duao, me menciona con preocupación mi nota. Es verdad: he escrito un artículo potencialmente peligroso. Me siento mal, me entristesco, soy un imbécil.

Sé que hay gente que cree que he liberado mi zona oscura. A mi fascista. Que en esa nota -una mala pieza periodística con ínfulas de recordar la historia- yo llamo a los fusilamientos. Me siento peor. No puedo borrar el artículo. Pero yo no quiero matar a nadie. No quiero que los militares que controlan Concepción disparen ni una bala. No quiero que se dispare ni una sola bala. Menos contra una persona. Hasta esta mañana –3 de marzo- el terremoto ha dejado oficialmente 799 muertos. No quiero más muertos. Yo quiero que esto sea una película. Quiero volver a escribir en este blog sobre algún libro sin importancia.

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7 Responses to “Terremoto / muerte, ruinas, descontrol”

  1. Fernando Says:

    Qué duda cabe, fue un error. Pero tampoco me cabe duda que si pudieras borrarlo, lo harías. No eres un fascista, nunca lo has sido. Todo lo contrario.
    Y que seas capaz de decir que te equivocaste demuestra que tienes una virtud que escasea en el periodismo y en el país: integridad.
    Algún día volveremos a Iloca y Duao. Intuyo que nos aburriremos menos: definitivamente tendremos más de que hablar.

    Un abrazo

    Feña


  2. Todos queremos lo mismo. Ojalá que tu esposa (y el embarazo) se encuentren bien.

    Saludos,

    CGO

  3. Fabián Says:

    Roberto: Hola y felicitaciones por tu blog.
    Soy un habitante de Concepción. Si pudieses sentir, aunque sea por solo un minuto, lo que yo siento en este momento, lo que yo y un millón de sobrevivientes de Concepción sentimos, sufrimos, tememos y odiamos…. desearías disparar todas las balas del mundo.

  4. Roberto Careaga Medina Says:

    El periodismo es libre, hasta que los editores, que no son libres, se apropian del material que les llega. Yo leí tu artículo y no me pareció que propiciaras fusilamientos. El ser humano- y también los editores- muchas veces requiere que la historia le recuerde episodios que, con el paso del tiempo parecen simples anécdotas. Esta es una de ellas. Precísamente porque antes se fusiló, hoy basta con recordarlo para que no suceda( muchos me dicen que son ingenuo). Tú no eres fascista. Yo lo sé. No hay nada en tu ser que lo sea. Mi vocación de padre se la jugó por eso.
    Te quiere, tu padre.

  5. Marcela Says:

    Hola Roberto, lamento haber llegado a este blog tan tarde ya que deseaba encontrar un espacio para publicar una nota que escribí respecto al terremoto. ¿Es posible que te la envíe de todos modos por si te interesa subirla a este blog?
    Espero tus comentarios.

    Saludos,
    Marcela Ilabaca
    Escultora.


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