Proyecto Hemon

mayo 4, 2010

Aleksandar Hemon habla desde un teléfono inalámbrico. Se mueve por la casa.  En algún momento le va a gritar a su perro en bosnio, su lengua natal. Pierdo algunas de sus frases en los oscuros ecos bosnios de su inglés adoptado.  Imagino un día nublado en Chicago. Imagino a Hemon, con el teléfono apretado entre el hombro y la oreja, saliendo a botar la basura mientras da una entrevista para un diario chileno. El perro quiere entrar y él, un pelado de lentes, lo echa afuera como lo haría si estuviera en Sarajevo. Antes de la entrevista, él pregunta por el terremoto en Chile.

Antes de leer a Hemon, ya sabía de su reputación: el nuevo mejor escritor del mundo (sintetizo y exagero). Un bosnio que vive en Chicago y escribe sobre las tragedias de su país desmembrado (simplifico mucho). Lo raro -o lo obvio- es que sus libros no están en Chile. Anagrama publicó los dos primeros –La Cuestión de Bruno y El Hombre de Ninguna Parte– y luego lo abandonó. Lo retomó en español la pequeña editorial española Duomo Ediciones, que el año pasado publicó El Proyecto Lázaro. Lo acaba de traer la librería Metales Pesados y es una joya. Alabada hasta el cansancio (aquí, acá y allá), la novela difumina en un sin fin de historias el tránsito hacia la pérdida de la identidad nacional. Va y viene entre Lázaro Averbuch, un judío ruso asesinado en Chicago a inicios del siglo XX, y Vladimir Brick, un novelista en crisis que vive en EEUU y viaja a su Bosnia natal después de la guerra de Yugoslavia. Hemon te agarra y no te suelta: sales emocionado y un poco triste. Y algo más: creyendo que leíste al mejor escritor del mundo.

Entrevisté a Hemon para La Tercera. Salió el viernes 31 de abril. Dejo la nota.

En Tierra de Nadie
Lejos de su Sarajevo arrasada por la guerra, el escritor Aleksandar Hemon ha revitalizado la literatura del desarraigo desde Chicago. “Soy un escritor americano y bosnio”, dice. El proyecto Lázaro, su última novela, es una historia de anarquistas, viajes e identidades perdidas.

El 2 de marzo de 1908, el diario Daily News, de Chicago, publicó la fotografía de un hombre joven, sentado en una silla, al que le sostenían la cabeza. Era Lázaro Averbuch. Y estaba muerto. El jefe de la policía le dio un par de disparos cuando lo vio en la puerta de su casa. Creyó que era un anarquista, un terrorista o ambas cosas. Jamás se supo si lo era. Sólo se descubrió que venía arrancando del antisemitismo en Kishinev, Rusia. En EEUU terminó como una víctima anónima en medio de una ola de paranoia por las revueltas anarquistas.

Un siglo después, el escritor Aleksandar Hemon (46) se topó con la foto de Lázaro. “Quedé impactado con la imagen. Resumía una historia trágica, el reverso de la promesa de la inmigración: en América todos eran bienvenidos y felices, pero él fue asesinado a los nueve meses de llegar”, cuenta Hemon por teléfono. Fue el punto de partida para su última novela, El Proyecto Lázaro: el relato de un escritor bosnio inmigrante en Chicago que viaja a Europa del Este para buscar las raíces de Lázaro y encuentra, entre los escombros de la guerra de Yugoslavia, su identidad hecha pedazos. Hasta cierto punto, es la historia del propio Hemon.

De paso por EEUU cuando la guerra llegó a su casa en Sarajevo, el año 1992, Hemon no volvió a su país. Instaló su nuevo hogar en Chicago y se puso a escribir cuentos y novelas con ecos autobiográficos, que entrelazan la vida estadounidense con las tragedias políticas y bélicas del siglo XX en los Balcanes. “Llevo 18 años aquí. Soy un escritor americano. Pero también un escritor bosnio”, dice.

Hemon habla en un inglés que tropieza con la dureza de su serbio natal. Es mejor leerlo: desde que a mediados de los 90 asumió el inglés como su lengua literaria, ha revitalizado la tradición de la literatura del desarraigo en EEUU con libros como La Cuestión de Bruno y El Hombre de Ninguna parte. Comparado con Nabokov, finalista del National Book Award y ganador de la beca MacArthur para “genios”, Hemon se está convirtiendo en un nuevo faro de la literatura mundial. “Cuando cierras los ojos, el poder de El Proyecto Lázaro y el talento colosal de Hemon, perduran”, dijo Junot Díaz, uno de sus pares en la actualización de la fructífera historia de escritores inmigrantes en EEUU.

Chicago y Sarajevo

Antes de escribir la novela, Hemon llamó a su amigo de infancia, el fotógrafo Velibor Bozovic, y lo invitó a un viaje por Moldavia, Ucrania y Bosnia. Los gastos los cubrirían con una beca Guggenheim. Fueron a investigar para el libro, para poner en escena el recorrido que en la novela realizan Vladimir Brick, el novelista que quiere contar la historia de Lázaro, y Rora, un vividor y ex mercenario que ni dormido deja de contar historias sobre la guerra en Sarajevo. “Rora no es un personaje tan raro en Bosnia: la gente siempre cuenta historias. No contemplan el significado de la vida, siguen adelante con sus historias”, explica Hemon.

Al contrario de Rora, Vladimir Brick es un tipo reflexivo, que en cualquier momento se queda mirando el horizonte. Está en crisis: su matrimonio va mal y no sabe cuál es su lugar en el mundo. Como Hemon, es un bosnio que se quedó en Chicago cuando estalló la guerra en su país. “Ese personaje viene de la parte más furiosa de mí”, reconoce Hemon. “Pero ya la he dejado atrás. Hoy tengo un matrimonio feliz. Chicago es una ciudad complicada, pero aprendí a amarla. Necesito tener una ciudad para escribir sobre ella. Ahora tengo dos: Sarajevo y Chicago”, dice.

Como Brick, en un momento Hemon también estuvo aturdido. En la primavera de 1997 volvió por primera vez a Sarajevo. No sólo la ciudad había caído. “La identidad se derrumba y cambia con la guerra. Te obliga a pensar todo de nuevo”, dice. “Antes de la guerra creía que el arte y la literatura pueden salvar tu alma, que la gente que lee Shakespeare o escucha buena música no pueden iniciar guerras o ser asesinos. Desafortunadamente, no es así. No creo que todos mis libros serán sobre la guerra, pero es el mayor evento de mi vida. Es difícil no pensar en ello”, agrega.

Padre de dos hijas, Hemon vive en una zona de Chicago donde se contabiliza el habla de más de 50 lenguas. Un bosnio como él se confunde entre africanos, latinoamericanos y orientales. Ahí llegó Lázaro Averbuch a inicios del siglo XX a renacer, luego de sobrevivir al pogromo de Kishinev en 1903. El ambiente estaba caliente, los atentados anarquistas se repetían a lo largo de EEUU. “Hay paralelos entre 1908 y 2005”, dice Hemon, que en El Proyecto Lázaro retrata de soslayo el auge nacionalista estadounidense tras el atentado del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, Hemon pide no poner a su libro junto al cúmulo de novelas estadounidenses que trataron el atentado 9/11. “Esos son libros sobre ‘cómo nuestra cómoda vida fue destruida cuando nos atacaron’. Son sobre la desgracia americana. El Proyecto Lázaro es un libro sobre la opresión xenófoba que está enquistada en alguna parte de la ideología americana”, dice.

Destinado a formar parte de la primera línea de la literatura y al mismo tiempo a ser otro anónimo entre los inmigrantes de Chicago, Hemon le hace el quite al destino errante de sus personajes. Vladimir Brick llega a Sarajevo sin saber quién es. No sabe si quedarse en su ciudad natal o si volver a EEUU. Hemon lo sabe. “No creo que vuelva a vivir en Sarajevo. En Bosnia la vida es complicada, la gente está enojada. Mi esposa es americana, mis hijas también. Me encanta Chicago, soy feliz aquí”, dice en su áspero inglés.

La foto es de Velibor Bozovic, el amigo de Hemon.

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One Response to “Proyecto Hemon”


  1. Roberto
    Buena, no he leído a Hemon, pero lo que dices tú y dice él mismo hacen que sea imperativo leerlo. Empezaremos a juntar plata desde ya.
    Como siempre, un aporte.
    Ojalá actualizaras más seguido el blog
    Saludos


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