Franzen, lejos del ruido

enero 12, 2012

Jonathan Franzen vino a Chile en enero de 2011. Oficialmente, fue por La Ciudad y las Palabras, el programa de arquitectura de la Católica, pero su intención era otra: lanzar cenizas de su amigo David Foster Wallace en el archipiélago de Juan Fernández. Lo supimos en abril, cuando publicó un largo texto sobre la experiencia en The New Yoker. Yo hablé con Franzen por teléfono justo antes de que llegara a Santiago y la entrevista apareció en La Tercera el 9 de enero de 2011. Y aunque hablamos un poco de Foster Wallace no dijo nada de esa caja de madera que traería con parte de sus cenizas. Por supuesto, el tema fue Libertad, que yo había leído más o menos hasta la mitad en inglés. Ahora que está en español recomiendo ir por ella y leerla… no importa llegar a la página 100 y abandonarla abrumado por las 600 que faltan, ya es suficiente: la enorme ambición de Franzen por atrapar el mundo en cuatro o cinco personajes ya está ahí. Y cae bien. Tanto como para seguir leyendo. Como sea, acá está la entrevista. El título fue: “Necesitamos que los novelistas se alejen del ruido y escuchen lo que está pasando”

 

Conor Oberst, el alma del grupo Bright Eyes, salió al escenario con un esmoquin azul eléctrico. Susurró tres dolorosas canciones al ritmo de su guitarra acústica y, antes de que se le uniera el resto de la banda, ya había demostrado por qué en 2002 era la nueva esperanza de la música independiente norteamericana.
La escena se repitió muchas veces ese año en EEUU, y como un eco llegó hasta las páginas de Freedom, la última novela de Jonathan Franzen: Walter y Richard, dos de sus protagonistas, están entre el público. Son dos adultos cuarentones, infiltrados en una “generación de “adolescentes sin rabia” y que viven respetuosamente en “armonía con las reglas del consumo”. Richard, un ex rockero de poca fama, los odia. “Creo que me estoy poniendo viejo”, prefiere decir en voz alta.
Richard no es precisamente el alter ego de Franzen (51), pero a él también le pasó: en algún momento de la década pasada se sintió viejo. Y empezó a odiar a los adolescentes de hoy. Podría dar absolutamente lo mismo, sobre todo en su caso, pues no tiene hijos, pero a Franzen los odios le vienen bien: “Mi método de trabajo es escribir sobre cosas que me enojan o me incomodan”, dice al teléfono desde Santa Cruz, California, donde vive parte del año.
Ahí arranca Freedom: Joey, el hijo adolescente de Patty y Walter Berglund, traiciona todos los principios liberales de su familia y, sin aceptar discusión, se va a vivir con los vecinos: unos ignorantes patriotas que apoyan la supremacía blanca. Poco después, y para estupor de sus padres, le vende camiones al gobierno estadounidense para la Guerra de Irak. “Me costó mucho que me cayera bien Joey y creo que de alguna manera el libro fue una forma de averiguar cómo se puede querer a un adolescente de hoy”, asegura Franzen.
Obviamente, está simplificando. Freedom es bastante más que la historia de un adolescente insufrible. Es una enorme crónica de las frustraciones que arrastran los miembros de la familia Berglund, su inevitable crisis y algo parecido a su redención. En el proceso, cristaliza los estados de ánimo políticos de la sociedad americana en la última década. Y, ya se sabe, Freedom fue la novela de cabecera de EEUU en 2010. Un hito literario, que en su momento más desproporcionado llevó a Franzen a la portada de la revista Time. “Gran novelista americano”, se leía bajo su foto.
Franzen, el perfecto doble opuesto del suicida David Foster Wallace, había conocido los elogios y los aplausos con su anterior novela, Las correcciones (2001). Otra enorme crónica familiar . Pero lo que pasó el 2010 es diferente: “Es extraño, porque de pronto es difícil para mí andar en la calle sin que la gente me detenga y me hable. Eso es nuevo. Alguien dijo una vez: ‘Un escritor famoso es un oxímoron en América’. Bueno, soy un oxímoron caminante”, dice cauteloso. “En realidad, es muy divertido. Pero tengo que vivir mi vida. No puedes comerte el éxito, no es emocionalmente sustancioso. Es casi como una extraña y placentera enfermedad”, agrega.
Lo inesperado es que Franzen, siendo hoy uno de los más requeridos autores del planeta, el próximo 17 de enero estará en Santiago. Participará en el seminario La Ciudad y las Palabras, de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica y apoyado por La Tercera. “Había hecho un compromiso para ir a Chile hace mucho tiempo. Lo quería cumplir”, dice, revelando algo de su personalidad. De paso en nuestro país, Franzen se dará tiempo para observar aves nativas y estará 10 días en la Isla Juan Fernández, trabajando en un reportaje para The New Yorker.
Entre Las correcciones y Freedom pasaron 10 años. ¿Todo ese tiempo trabajó en la nueva novela?
Estuve tratando de escribir mi cuarta novela en varios momentos en estos últimos 10 años. Fallaba sistemáticamente. Aguantaba tres meses de fracasos cada año. Creía que estaba escribiendo una novela política sobre Washington. Finalmente, en 2009, escribí todo. Lo difícil fue saber quiénes eran los personajes y para saberlo tuve que cambiar como persona. Este libro surge desde el deseo de proveer “noticias” sobre el mundo, pero también sobre mí mismo. Y no tengo demasiadas noticias nuevas sobre mí mismo cada año.
En varias ocasiones menciona el libro La guerra y la paz, de Tolstoi.
Sí, sí. Me arrepiento de haberlo puesto en el libro. La gente piensa que me estoy comparando con Tolstoi y odio esa idea. Pero bueno, espero que sea una promoción: amo tremendamente La guerra y la paz.
¿Tenía la intención de que Freedom siguiera el estilo de las grandes novelas decimonónicas, tal como La guerra y la paz?
Quise escribir un libro que lograra el efecto que logran en mí las grandes novelas del siglo XIX, que es que quiera seguir leyéndolas. Cuando he vuelto a leer a Tolstoi, todo el día está organizado en torno al libro. Hay algo en las buenas novelas realistas, bien narradas, que es tentador. Amo las novelas del siglo XIX.
Pero ya no se puede escribir una novela decimonónica clásica.
¿Por qué no?
Desde Dostoievky se problematizó completamente la narración en la modernidad. En eso también hay algo personal: vengo del medio del país, he sido algo así como el pacificador en mi familia, creo que por eso quería poner todas las miradas de esta historia. La verdad, no creo que tenga que haber tanta polarización entre el realismo del siglo XIX y el modernismo del XX. Puedes tomar elementos de ambos y es así como describo mi proyecto literario.
Tal como Las correcciones, Freedom también es una historia sobre una familia.
Siempre quedo perplejo cuando dicen que soy una novelista familiar.En Freedom sólo al final hay escenas donde toda la familia está reunida. No es el tema del libro.
Pero la familia es un fantasma que recorre el libro. Las familias persiguen a todos los personajes.
Sí, es el principio organizador. Es una forma de lograr rápidamente intensidad emocional. Todo lo que tienes que hacer es decir las palabras madre e hijo y ya está. Es automáticamente dramático. Algo acepto: cada vez que trato de entenderme, pienso mucho en mis padres.
¿Siempre tuvo en mente la idea de retratar la actualidad de su país?
No realmente. Ciertamente, quise escribir sobre el EEUU de las últimas décadas, no es un accidente. Pero la verdad, no creo que exista algo así como el mundo en la literatura. La literatura se alimenta de especificidades regionales y mi región es EEUU. No es que haya intentado capturar una fotografía de mi país; ya tenemos muchas fotos. Miles de personas que en sus blogs, de una forma muy personal, hablan sobre lo que está pasando en el país y no creo que necesitamos que los novelistas lo hagan de nuevo.
Entonces, ¿para qué necesitamos a los novelistas?
Los necesitamos para filtrar todo el ruido diario. Necesitamos que se aíslen, que se alejen del ruido de las noticias 24 horas al día y puedan oír lo que realmente está pasando. Al eliminar la mayor parte del ruido, puedo prestar más atención a lo que realmente me molesta, a lo que me inquieta. Creo que el proyecto de separarse de la cultura por varios años y mirar con mucha atención a pequeñas cosas en uno mismo es lo que un novelista puede ofrecer.
En Freedom usted también ofrece una mirada a la situación política de EEUU de la última década.
Sí, esa es una de las cosas que me enfurecían cuando estaba escribiendo.
Naturalmente, algo de esa angustia aparece en el libro. La creciente polarización del país, la pública deshonestidad que acompañó la intervención en Irak, la decreciente posibilidad de espíritu ciudadano común y los cada vez más fuertes movimientos contra el gobierno. Todo eso es angustiante.
¿Ha cambiado algo con la llegada de Obama a la Casa Blanca?
Sólo un poco. Lo han atacado mucho. Aún es más popular que los republicanos, pero los extremos son muy hostiles. Sin embargo, los políticos dominantes republicanos se están comportando de una manera más racional. Pero sólo porque le tienen miedo, no porque les guste.
Pese a todo, la familia Berglund en Freedom tiene algo parecido a un final feliz.
Algunos creen que es un final muy triste. Más allá de eso, lo que hice fue entregar un cierre. Le di un final a la historia. Está muy poco de moda en la literatura de las últimas décadas. Y para mí el final de una historia es muy importante para lo que significa. Si evitas un final resolutivo, hasta cierto punto evitas hacerte responsable sobre el significado de lo que has estado contando. Yo estoy dispuesto a arriesgarme y decir: “Aquí hay un final, ahora ustedes decidan lo que significa”. Es necesario respetar a los lectores. No los trato como bebés, pero tampoco quiero castigarlos reteniéndoles un final.
Entiendo que fue muy amigo de David Foster Wallace. ¿Cómo afectó su muerte a la escritura de Freedom?
Es una pregunta complicada. Ciertamente me afectó cuando la estaba escribiendo. Estaba muy enojado con él. Su muerte me motivó a trabajar muy rápido y duro. Eso puedo decir. Fuimos muy buenos amigos por 20 años. El no tenía muchos amigos escritores y yo tengo uno o dos amigos en los que confío tanto como confiaba en él. Fue una pérdida terrible.
Sus obras parecen diametralmente opuestas. Foster Wallace fue muy experimental.
Formalmente, nuestros libros son muy, pero muy diferentes. Se parece a la forma en que dos hermanos se dividen sus logros. Si tienes un hermano mayor al que le va muy bien en deportes, tu podrías decidir ser bueno en artes. Dave y yo éramos muy competitivos y si por alguna razón terminamos escribiendo cosas tan diferentes fue por esa amistad. No tenía sentido que yo hiciera algo parecido a lo que él estaba haciendo. Supongo que él también pensaba algo así. Nos dividíamos el mercado.
¿Se siente cercano a otros narradores de su generación, como Michael Chabon, Jonathan Lethem, Dave Eggers?
Ellos son muy buenos escritores. Chabon es particularmente dotado. Pero están orientados a lectores más jóvenes que los que me interesan a mí. Yo estoy orientado a lectores más adultos. Entre los escritores cercanos a mi edad que me interesan están Lorrie Moore, Dennis Johnson.
A su juicio, ¿quiénes son los más grandes escritores vivos en EEUU?
Si pudiera incluir a Canadá, Alice Munro estaría en el tope de mi lista. Philip Roth a veces puede ser un muy mal escritor, pero todo su proyecto es heroico. Es una figura mayor, pese a que hay algo mal en casi todos sus libros. Continúo teniendo el mayor respeto por Don DeLillo y creo que su más reciente libro, Punto omega, es uno de sus mejores títulos. Es como una síntesis de toda su obra.
¿Va a recitales? A un show de Bright Eyes, por ejemplo.
Me da un poco de vergüenza, pienso que soy un poco viejo para que me guste Brigt Eyes. Me gustan nuevos nombres, como Sufjan Stevens o, especialmente, Broken Social Scene. No he podido entender la excitación mundial por Arcade Fire, me molestan. Pero la verdad es que voy a pocos shows. Si la opción es ir a un concierto o a una película, prefiero ir al cine, es una narración. Además, algo pasa en la forma en que la música es consumida hoy que no me parece sano. Ahí pienso igual que Richard, el personaje de mi novela.

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3 Responses to “Franzen, lejos del ruido”


  1. Hey, Roberto, qué bueno que hayas vuelto al blog. Muy buena entrevista. Tengo muchas ganas de leer Freedom. A mí, en su momento, me gustó mucho Las correcciones.
    Para ir a lo de la UC hay que conseguir entradas?
    saludos,

    • robertocareaga Says:

      Hola Sergio.
      Nunca has ido a lo de la UC? Sí, hay q conseguir entradas pero es muy fácil.
      No sé si he vuelto al blog, solo estoy subiendo viejas notas.
      abrazo


      • Sí, he ido pero no me acuerdo a quién había que mandarle un correo para pedirlas, si quieres me mandas mail por DM en twitter.
        Y bueno, que sigas publicando aquí notas viejas o nueva. Cuando se trata de literatura, la “novedad” da lo mismo.
        Abrazos


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