2010, la revista

marzo 10, 2009

n588690033_5949801_1730377El 19 de marzo, a las 19 horas, en la Sala Ercilla de la Biblioteca Nacional se lanza la revista 2010. A la cabeza están Natalia Figueroa (directora) y Cristián Arregui (editor). Por supuesto, el tema es Chile. Esta es la idea: “Revista 2010 es una publicación anual que busca actualizar una reflexión que reincorpore la literatura y la poesía de nuestro país en distintas problemáticas políticas y sociales, apuntando hacia la construcción de nuevos sentidos comunitarios para el Chile de hoy”.

Los encargados de presentarla son Jorge Baradit, Daniel Osorio y Bruno Vidal. Están todos invitados. Ese día se repartiran gratuitamente ejemplares entre los asistentes. Luego estará en algunas librerías.

La revista, muy bien diseñada por Nicolás Sagredo, tiene a participantes interesantes. Marcelo Montecino, Miguel Castillo Didier, Armando Uribe, Erwin Robertson, Roberto Suazo, Jorge Baradit, José Ángel Cuevas, Raúl Zurita, Elvira Hernández, Rosabetty Muñoz, Juan Verdejo Larraín, Armando Roa Vial, Bruno Vidal, Sergio Meier, Juan Manuel Silva, Carlos Henrickson, Patricia Espinosa, Carolina Melys, Héctor Hernández Montecinos, Cecilia Vicuña, Juan Carlos Cáceres y Cristián Gastelo.

También yo aporto con algo. Un artículo sobre Juan Luis Martínez, que eventualmente subiré. Empieza así:

Las huellas que borró Juan Luis Martínez

Puede haber sido en 1975. Junto a su esposa, Eliana Rodríguez, el poeta Juan Luis Martínez recorrió Santiago buscando una bandera chilena. No podía ser cualquiera. No podía ser una de plástico, el material que pronto se convertiría en el estándar para fabricar las banderitas que adornan septiembre. Buscaba una clásica de papel volantín. Pequeña. Tipo guirnalda. No fue fácil. Después de caminar en vano, preguntar aquí y allá, le dieron un dato: cerca de la población Eduardo Frei, en la comuna de El Bosque, alguien las confeccionaba a la usanza tradicional. Fue como encontrar un tesoro: Martínez se fue cargado de cajas y cajas de las banderas. Había encontrado la última pieza para La Nueva Novela.

En realidad, Martínez ya había terminado el libro unos años antes. O eso creyó. En 1971 llegó hasta la oficina de Pedro Lastra, que por entonces dirigía la colección Letras de América de editorial Universitaria. Quería publicar un libro en el cual venía trabajando por lo menos desde 1968. Heredero de las vanguardias francesas, el volumen que vio Lastra llevaba el título de Pequeña Cosmogonía Práctica y era, a grandes rasgos, una mezcla de collages, juegos lingüísticos y poesía tradicional. Algo prácticamente inexistente en la literatura chilena. Extraño, pero que sin embargo Lastra aprobaría. Poco después, el plan se derrumbó. Exactamente el 11 de septiembre de 1973 con el Golpe de Estado.

Luego del golpe, Martínez siguió trabajando en el libro en su casa de Villa Alemana. Hizo pocos cambios, aparentemente solo cuatro: la tituló La Nueva Novela, se decidió por una portada, incluyó dos anzuelos en la página 75 y le hizo una seña al panorama de funeral que dominaba Chile por entonces: Epígrafe para un Libro Condenado (La Política) se abre con una bandera chilena de papel volatín. De esas que compró en Santiago tras infatigables caminatas junto a su esposa. De esas que ya dejaron de existir.

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