bertoni

Está por salir un nuevo libro de Claudio Bertoni. Se llama Piden Sangre por las Puras. Lo publica Cuarto Propio, su fiel editorial. Hice una nota/perfil que aparece hoy en La Tercera sobre Bertoni y su inesperada fama. Ya saben: al tipo lo saludan en la calle y sus libros venden mucho. Mucho para un poeta, claro.  Yo mismo he comprado varios. Casi todos. ¿Soy uno de los fan de Bertoni? Seguro. Creo que este -Monte Everest- es mi poema favorito:

yo no necesito energías

para subir el monte Everest

yo las necesito para quitarme los calcetines

para lavarme los dientes

para llevarme la comida a la boca

He entrevistado varias veces a Bertoni. Por teléfono, en su departamento en Santiago, en un par de cafés. Nunca en Concón. Debería ir. Esta vez lo hice vía mail. También lo vi y le hice unas diez consultas chicas por celular. También leí el libro: no es nada realmente nuevo, pero se agradece el tono siempre tan cercano de Bertoni. Esa opción por ignorar radicalmente cualquier pompa de la lírica.  Esa confianza desmedida, ciega, en la palabra escrita. Uno termina contagiado y cree, apuesta, que cualquier escena cotidiana es un poema en potencia. No, ni siquiera en potencia: la realidad es poesía. Ahora, en Piden Sangre por las Puras hay un par de textos nada de cotidianos. Me gusta este: “si no estamos / en los brazos de la muerte / no estamos en los brazos de nadie”.

Aquí van las preguntas y respuestas. Dejé intacto el estilo de Bertoni.

¿Por qué incluiste los poemas de París en Piden Sangre por las Puras? Supongo que escribiste mucho mas en Francia ¿qué criterio usaste para seleccionar estos? – La verdad es que el libro comenzó siendo esos poemas de París y después fueron agregándose los otros. El título vino al final y podría haberse llamado de cualquier manera. De hecho se llamó “Pie plano” durante un buen rato. Creo que los seleccioné pensando en la Brigitte (mi mujer en Francia) y sus alrededores y nuestro barrio y amigos. La verdad es que el criterio de fondo es siempre el mismo, que sean (que me parezcan) poemas textos buenos. Me importa bastante menos que estén anecdótica, externamente unidos. El juicio y gozo del poema esta entero dentro del poema. Personalmente -además- prefiero los libros disparejos, absurdos y arbitrarios.

– El resto de los poemas ¿cómo los escogiste para este libro? –  Creo que los mas extensos (incluído el último y de mas largo aliento: BACH) es por el hiper verso libre que los constituye y el lenguaje y la respiración y el ritmo y el ir y venir por las veredas de todas partes. Los otros, los de la muerte por ej, nacieron de los hipotéticos dadores de sangre y le fui agregando otros afines, algunos de los cuales, te habrás dado cuenta, son de Harakiri, y uno, el de Millán por ej, es de En qué quedamos.

– ¿Mi pregunta es si que une los textos de este libro? Recuerdo que Harakiri lo escribiste después de una experiencia personal algo traumática. –  Como tu mismo lo dices los de Paris están unidos precisamente por la ciudad en que los escribí, para y por quienes los escribí. Algunos de los otros, por lo que te digo mas arriba, y los demás por algo será. Si no es el tema, es el lenguaje, unos poemas por ahí no son estrictamente coloquiales, exterioristas, antipoéticos y “claros” como el resto. Y quisiera decirte algo acerca de Harakiri. Es sólo la última parte de ese libro, que es pequeñísima, la que alude a la experiencia traumática, y que me duró 5 años, que tú mencionas: es la punta del iceberg. No he publicado prácticamente nada acerca de esa experiencia. El resto de Harakiri es la vejez y la enfermedad y la muerte, que naturalmente y para mi, es cada vez peor.

– Descontando los poemas de París, veo en Piden Sangre por las Puras que se repite la idea de la muerte. La muerte como algo inevitable, empezando por el título. ¿te parece que hay algo de eso? – Por supuesto que hay algo de eso. Y por supuesto que la muerte es inevitable (aunque no le guste hasta el punto que no le gusta, a Elías Canetti por ejemplo). Y la muerte no es una idea. La muerte no es ni siquiera un sustantivo: La muerte no existe, lo que existe son muertos.

– De hecho hay varios poemas sobre muerte de escritores. ¿cómo fue tu relación con Lira, con Millán, con Bolaño? ¿Te afecta que mueran escritores? – No me afecta que mueran solamente escritores. Escribo poemas de ellos porque son mis colegas y a Teillier, Lira y Millán los conocí por ej. A Rodrigo creo que lo ví tres veces la primera vez llegó a mi casa (que era la de mi polola) con la susodicha que era compañera suya de literatura en el pedagógico me acuerdo que andaba con un suéter muy bonito color azafrán que es mi color favorito y que había comprado en la ropa usada y estuvo mucho rato hablándome de los colores de la cajetilla de unos cigarrillos que había entonces, los Advance, que se llamaban. Otra vez nos vimos en la inauguración de una colectiva de fotografías en la galería arturo edwards del instituto chileno británico de cultura. Me acuerdo que yo andaba con una escobilla de dientes con las cerdas al aire en el bolsillo de la chaqueta donde los elegantes usan una puntita de pañuelo y Rodrigo metió la mano en el bolsillo interno de la suya y me dijo “igual” blandiendo su escobilla ídem. A Millán lo conocí en los 60 donde antonio skarmeta y a bolaño desgraciadamente no lo conocí, me sorprendió que supiera que yo existía, como me enteré después de su muerte en su Entre Paréntesis. Ahí me enteré también de otros datos de su biografía que me hicieron lamentar mucho mas todavía no haberlo conocido, poetas como john giorno y frank o’hara que el leía en mexico y yo por estos lados, donde nadie sospechaba que existían. Y su amor también por Arquíloco, Lichtenberg y otras cuestiones de las que prefiero no hablar. Creo que nos habríamos reído mucho sobre todo, y de todo. Su visión, para muchos “romántica”, de la poesía, la comparto plenamente.

En 2004 cuando publicaste Harakiri, me contaste con algo de desesperación que escribías “para no perder nada”. ¿Qué tal ahora? ¿cómo escribes? ¿Cuánto escribes? – La cosa va de mal en peor. Todavía no quiero perder nada, escribo en cuadernos más que nunca y creo estar en inmejorables relaciones con mi escritura y dejé la grabadora como hace dos años, porque aunque es insuperable para guardar lo que yo quiero, es demasiado material y no sé que hacer con él, perderlo nada más, y me da no sé que, me da vergüenza que me dé no sé que, pero me da.

– Justamente después de Harakiri tu nombre empezó a hacerse conocido. Suele decirse que eres el poeta que más vende en Chile. Dicen que te vas a transformar en una especie de tótem tipo Nicanor Parra. ¿Te crees lo de la fama? – El poeta vivo que vende más en chile después de Nicanor parra, eso es lo que leí una vez por ahí. Ojalá sea cierto porque (supongo), es plata. Pedro lemebel, díaz etérovic, rivera letelier, y bolaño por supuesto, son famosos.

¿Te van a ver poeta jóvenes a Concón? – Muy pocos. En la calle eso sí, me habla increíblemente la gente (joven sobre todo). Aunque hay señoras y caballeros también. Me regalan cidís, una señora me regala guantes de lana (sin dedos), calcetines y bufandas para la pascua y cumpleaños. Es una gran dama y escribe muy bonito: sus cartas son una joya. Es gente cariñosa y me da gusto.

– ¿Vives de la literatura? No.

En los últimos años has publicado prácticamente 2 libros por año, ¿piensas seguir ese ritmo? Si me los publican, no me queda otra. Es lo único que hago, tratar de irme a la tumba con la menor cantidad de cosas inéditas. Pero el tiempo corre jolgoriosamente en mi contra y la aritmética y mis ojos y mis manos. Y está bien que así sea. Está claro que ni shakespeare es indispensable para nadie (ni siquiera para el presidente de su fun club, el chascón de Harold Bloom). Y el sol se va a apagar, remember. (o a explotar, que da lo mismo. O quita lo mismo).

(gracias por todo Claudia)