Barquero nacional

agosto 28, 2008

No fue exactamente una sorpresa. Aunque algunos creían que iba a ser Oscar Hahn, fue Efraín Barquero el que ganó el lunes pasado Premio Nacional de Literatura 2008. Yo prefería a Hahn. ¿Se lo merece Barquero? ¿Es justo? Supongo que sí, pero no estoy seguro si esas preguntas tienen sentido ante un premio como este. En todo caso, hay pocas dudas sobre el calibre de Barquero: poeta de oficio que ha dedicado toda su vida -tiene 77 años- a edificar toda una religión en torno al culto a la tierra y el destino del hombre en la vida natural. También le dicen poeta campecino. O lárico. Antes del premio, ya era uno de los 40 poetas chilenos más importantes del siglo XX (¿existe esa lista?).

La vida de Barquero no ha sido fácil. Antes del 73, le iba bien: protegido de Neruda, lumbrera de la generación del 50, ganaba premios, etc. El golpe, que lo pilló como agregado cultural en Colombia, arruinó su vida. En 1975 inicio su vida de exiliado en Francia. Durante la dictadura, Chile prácticamente lo olvidó (Por supuesto, no fue el único olvidado. Ya se sabe de los peores destinos). A la vuelta de la democracia, Barquero creyó que aquí lo esperaban con los brazos abiertos. No fue así: “Me cerraron las puertas en las narices”, ha repetido. Fue en 1991 que vino y se fue decepcionado: nadie lo pescó. En 1998 regresó, le fue mejor, hubo antologías, perfiles en la prensa, premios, reconocimientos, bla, bla, bla. Pero no hubo plata y Barquero debió regresar a Marsella, donde vive hasta hoy.

En 2000 y 2004 también disputó el Nacional, pero Raúl Zurita y Armando Uribe, respectivamente, se lo quitaron. Dicen que aquellos años Barquero se preparó para recibirlo. Seriamente. Esperó llamadas del Ministerio de Educación que nunca llegaron. El lunes pasado, ya con pocas esperanzas, prefirió desconectarse. Solo al día siguiente lograron comunicarse con él para informarle que había ganado el Premio Nacional. ¿Se alegró? “He basado mi destino en mi trabajo poético solamente y los premios me son un poco lejanos”, me dijo al teléfono. ¿Disimulaba?

­La pregunta es otra: ¿Por qué ganó Barquero? Hay un acuerdo general sobre la calidad de su poesía. Pero eso no lo explica todo, la historia del premio está plagada de malos escritores. Ni siquiera es necesario ir a los premiados en dictadura: Volodia Teitelboim lo ganó en 2002 siendo un escritor bastante mediocre. En estricto rigor, escribir mal no inhabilita a nadie para ganar el Nacional. Hay otras explicaciones: reparación histórica y el complot comunista.

Se lo debían hace mucho tiempo y el caballero necesita el dinero. En esa teoría se inscribe lo dicho por Andrés Gomez en La Tercera: el premio es el INP de la literatura y las 700 lucas mensuales una jubilación. La idea funciona, pues hoy Barquero tiene bien poco que aportar a la poesía chilena. Fue una voz importante, pero en otra época. La otra tesis no es nueva, pero sigue activa: Quien maneja el premio en realidad es el Partido Comunista. Los compañeros aún son leales. Tiene lógica: Teitelboim se lo dió a Uribe, éste se lo dio a José Miguel Varas, quien premió a Barquero. Podría ser, los nombrados son todos comunistas o ligados a la izquierda, como Uribe. Lo que no entiendo es por qué Raúl Zurita en 2002 se lo dio a Volodia.

La otra tesis -la que más me gusta, la más simple, las que podría englobar a las otras-, es que quien escoge al ganador del Nacional es el escritor que lo ganó la última vez. Si a Varas le gustase Hahn, Barquero seguiría esperando. Uribe lo dijo tantas veces antes de votar: “Varas es el mejor cuentista chileno”. ¿Varas había dicho algo sobre Barquero? Según mis registros no, pero es innegable que comparten un mundo literario -Neruda- y una historia política. Esta explicación también permite pensar en el futuro: cuando en 2010 Barquero integre el jurado y el Nacional deba recaer en un narrador , ¿por quién votará? ¿Votará por Germán Marín? ¿Por Diamela Eltit? ¿Isabel Allende? ¿Por quién? ¿Barquero conoce bien narrativa chilena de los últimos 30 años?

Anuncios