Maquieira escribe

julio 18, 2008

A mediados del 2005, Diego Maquieira regresaba. Cinco meses en una clínica de rehabilitación le permitían volver a flote después de aguantar la respiración por demasiado tiempo en un mar de vino blanco. “Estuve en el infierno”, me dijo cuando lo fui a ver a su casa, cerca de Tobalaba con Carlos Antúnez. Suena bien como idea: la maldición de la poesía lo hizo descender, darle la espalda al mundo, enclaustrarse bebiendo sin control hasta desafiar a la muerte. Pero fue una temporada pésima: el acohol impidió a Maquieira seguir escribiendo -desde Los Sea Harrier (1993) no publica-  y le dejó un daño aparentemente irreparable a la vista.

En todo caso, no creo que su problema visual fuese el responsable de que se sumara a la primera campaña presidencial de Piñera. Fui con esa excusa a verlo a su casa, a entrevistarlo para el Diario 7. Pero yo no quería hablar de política, iba a verlo. Iba de fans. La luminosidad apocalítica y el barroquismo de ciencia ficción de Los Sea Harrier me habían dejado atontado. Fui un día en que no trabajaba -un lunes frío de junio- y con pocas ambiciones de que nuestra conversación terminara publicada (lo que sí pasó).

No logró decepcionarme: aún en las sombras, algo débil y con evidentes cuentas pendientes con la decadencia que casi lo mató, Maquieira fue disperso, teatral, algo mesiánico, confuso y atemporal. No tuvo contemplaciones para analizar su obra. Le pregunté si lo leerían en el futuro: “Creo que no. He tratado de llegar a formular una posición respecto de lo que he hecho. Lo comparo con un tren eléctrico, con un juguete de madera, no lo encuentro urgente ni importante”, respondió.

Me dijo que no le interesaba una carrera literaria y que no sabía escribir. “Yo no soy un escritor. No puedo vender esa pomada, porque no he sido nunca escritor. Ahora, si yo supiera escribir, una vez se lo dije a José Donoso, tal vez escribiría novelas. Pero no sé escribir. Yo manejo el vocabulario del analfabeto y siempre estoy buscando darle nombre a lo que todavía no lo tiene”.

Me adelantó que buscaba un tono nuevo para volver a escribir. Creo que lo encontró: el reciente número 6/7 de  revista Pensar & Poetizar -que puede encontrarse el la librería Metales Pesados-, que publica el Instituto de Arte de la Universidad de Valparaíso, entrega una sinopsis de lo que será su próximo libro. Un adelanto pequeño, interesante, pero no deslumbrante. Es un poema titulado La Ecuación Universal escrito a mano, que ocupa seis páginas. El tono es este:

“Espíritu es igual

a la materia

multiplicada

por la velocidad

de la luz

al infinito

del cuadrado de los puntos cardinales.

Fechado el 13 octubre del 2005, es una mínima parte de algo mayor titulado Esto (La ecuación universal y primeros desmanes). Al teléfono, Maquieira me dijo hace pocas horas: “Es un poema eminentemente espiritual que incursiona en la física, en la música y en la matemática”. También me aclaró que se trata de un proyecto sin plazos: “Yo estoy trabajando en retiro. Estoy trabajando con el tiempo, no estoy contra el tiempo. Estoy en plena travesía. El tiempo me acompaña en forma absoluta. No tiene fecha de publicación, no tiene programa ni tiene agenda”.

(Lee La Tirana y Los Sea Harrrier)