En las últimas páginas de Los Detectives Salvajes, Arturo Belano asegura que Estados Unidos le cerrará sus fronteras por una única razón: ser chileno.  Me gusta creer que, vía su alter ego, Roberto Bolaño hablaba de sí mismo. Creía que los gringos no lo dejarían entrar. No puedo probarlo, pero tiendo a pensar que a Bolaño tampoco le gustaba mucho EEUU. Y por eso mismo, supongo que todo el alboroto que están haciendo los gringos con sus novelas lo tendrían un poco confudido. O atontado. Le olería mal. Le daría poca importancia -y un poco de risa- a que NYTimes incluyera a The Savage Detective entre los mejores cinco libros del 2007 o que New Yorker dedicara cinco páginas a escribir su historia y transformarla en leyenda. Ahora, tampoco se enojaría y, quién sabe, usaría sus nuevos contactos en suelo norteamericano para hacerse amigo de Don Delillo o Cormac McCarthy. O algo peor. No sé. Obviamente, todo sería muy distinto si Bolaño estuviera vivo. Su muerte precipitó la leyenda. E hizo que sus acciones se fueran a tope. Y que los gringos le abrieran sus puertas como si se tratara del nuevo García Márquez. O de un Murakami maldito.

La última noticia está sucediendo en la Feria de Libro de Frankfurt: entre los editores del mundo corre el manuscrito de una novela inédita de Bolaño, El Tercer Reich. Según lo que averiguó el corresponsal de El Periódico, habría sido escrita antes de 1996 y relataría el encuentro con el infierno de Udo Berger, un profesional de los juegos de estrategia y de guerra que se va a entrenar a la Costa Brava antes de un match con el campeón del mundo. Allá se topa con personajes terroríficos como El Lobo, El Cordero y El Quemado. Supuestamente, en el círculo cercano a Bolaño nadie sabía que existía este libro (mecanografiado y corregido a mano). Ni Jorge Herralde. Ni Ignacio Echevarría, quien editó sus libros póstumos (2666, Entre Paréntesis, El Secreto del Mal y La Universidad Desconocida). Tampoco tenían idea en la Agencia Carmen Balcells, quien hasta el 4 de noviembre maneja los derechos del escritor. Todo tiene una razón, hay un nuevo personaje en escena: Andrew Wylie, el más poderoso agente literario del planeta toma el control de la la obra de Bolaño. Y su primera jugada es echar a correr una novela inédita.

Dicen que Wylie -el Chacal, Darth Wader, como quieran llamarle- habría pagado la explosiva suma de 10 millones de dólares por manejar los derechos de Bolaño. No sé si es verdad (supongo que la cifra está inflada), pero podría ser: Bolaño está en alza. Los gringos no pueden más esperando la salida de 2666, fijada para el 11 noviembre. Y ahí está la noticia en realidad: este es el último capítulo de la larga teleserie en que Bolaño conquista el mundo. Pues, aunque inesperada, una novela inédita aparecería en cualquier momento entre los cerros de papeles que dejó el escritor, pero lo que no estaba tan claro era que el impacto que causa su obra en EEUU se traduciría en algo tan concreto como la aparición de Wylie. ¿Quién es Wylie? El hombre que representa en el mundo a Philip Roth, Jorge Luis Borges, William Shakespeare, Salman Rushdie, Andy Warhol, Martin Amis, Norman Mailer, Arthur Miller y Susan Sontag, entre otros. Es decir: el marihuanero poeta vanguardista del DF de los 70, ahora (muerto) es una celebridad literaria de peso mundial.

Otro nuevo actor en escena: una actriz, Carolina López. La esposa de Bolaño está asumiendo el papel de viuda. En toda regla. Hace un par de meses les quitó el permiso a un par de mexicanos para llevar al cine Los Detectives Salvajes (hizo bien, iban a hacer una pésima película), alejó a Echevarría (gran amigo de Bolaño) y fue ella quien tomó el teléfono y llamó a Wylie (con el manuscrito de El Tercer Reich como carnada). ¿Otra Kodama? Ojalá que no.

No sé si Bolaño está revolcándose en su tumba. Parece obvio que le hincharía las pelotas tanto negocio alrededor de su obra. Pero también es obvio que Wylie manejando las finanzas, le asegura un futuro tranquilo a los hijos de Bolaño, lo que él siempre quiso. Por lo demás, a quién le enojaría estar en ese exclusivo club en que se juntan Borges, Shakespeare y Warhol. Otra obviedad: esto no ha terminado.

Aquí dejo dos entrevistas con el Chacal (probablemente sacadas de una conferencia de prensa), en El País y en El Periódico. La sorprendente caricatura es de Lanzallamas y aparece en el dossier que le dedican a Bolaño.